sábado, 20 de junio de 2015

"DELENDA EST LITURGIA" ("¡LA LITURGIA HA DE SER DESTRUIDA!")




"DELENDA EST LITURGIA"

 ("¡LA LITURGIA HA DE SER DESTRUIDA!")

Las comunidades no católicas podrán celebrar la Cena con las mismas oraciones que la Iglesia Católica. Es Teológicamente posible". -HERMANO MAX THURIAN (COMUNIDAD DE TAIZÉ)

Tales palabras, pronunciadas por el prior de la comunidad luterana de Taizé (comunidad "ecuménica"), prueban ya sin lugar a dudas que la liturgia católica ha sufrido una transformación fundamental. Dada la íntima unión existente entre la fe y los ritos que la expresan (recuérdese el famoso adagio "Lex orandi, lex credendi"), el cambio substancial de uno de estos elementos implicará necesariamente el del otro, y viceversa. De allí que podamos afirmar y concluir con el pastor René BARJAVEL: "La Iglesia Católica ha quebrantado su liturgia, expurgado sus ritos, ocultado sus misterios, bajado la llama de su alegría; con toda premura se hace protestante".
"Quien siembra el viento,
cosecha la tempestad"
SEMBRANDO EL VIENTO
LA REVOLUCIÓN LITÚRGICA

Las raíces de la actual desolación y destrucción de la liturgia deben buscarse en la desviación del llamado MOVIMIENTO LITÚRGICO, que fuera fundado por Dom GUERANGER y que alcanzó su apogeo bajo el impulso de SAN PIO X. Los autores de la actual reforma litúrgica, aunque pretendiendo ser los continuadores de la obra emprendida por Dom Guéranger y San Pío X, la han desvirtuado, dándole un sentido completamente distinto y contrario al que tenía en la intención de sus fundadores.
"Legem credendi statuat lex supplicandi": "Que la regla de la oración estatuya la regla de la fe". Este axioma "invertible", expresa la relación estrecha y fundamental que existe entre la fe que se profesa y el culto a través del cual se manifiesta esa fe. Es imposible atacar o modificar una sin afectar a la otra. Plenamente conscientes de ello, todos los heresiarcas y falsos reformadores que se han levantado contra la fe católica y contra la Iglesia, han intentado modificar el culto, es decir, la expresión litúrgica de los misterios de la fe, para destruir así esa misma fe.
Ejemplo clarísimo de ello es Lutero: "Destruid la Misa y destruiréis el Catolicismo", destruíd el Santo Sacrificio, modificad sus ritos venerables y portadores de gracias, y anularéis la expresión de la fe católica, o la transformaréis en otra fe, que ya no será la católica...

LA SUBVERSION LITÚRGICA EN EL SENO DE LA IGLESIA

Durante su pontificado el mismo San Pío X señalaba que, desde entonces, el enemigo ya no se encontraba afuera sino dentro de la Iglesia, en los seminarios, en los conventos, en las filas del clero católico.
El antecedente más inmediato de esta penetración lo constituye el sínodo de Pistoya, convocado en 1786 por instigación del archiduque de Toscana, que quería llevar a cabo en sus estados una reforma de la Iglesia conforme a sus antojos (y sus antojos eran jansenistas). Dicho sínodo fue condenado por PÍO VI en la bula "Auctorem fidei". Desde el punto de vista litúrgico, sus errores revelan una tendencia a la des-sacralización y a la profanación, a la disgregación y a la anarquía, tendencias que ya habían ganado gran parte de la Europa católica antes de su formulación expresa en Pistoya. Estos errores revivirán, casi idénticos, en el "Movimiento Litúrgico" desviado.
El Movimiento Litúrgico que fue iniciado por Dom Guéranger (estando Europa sumergida en plena "herejía antilitúrgica ") para devolver al clero el conocimiento y el amor de la liturgia romana y para intensificar la unión de los fieles a la liturgia; condujo final mente la restauración litúrgica realizada por San Pío X. A partir de 1920 sufre graves desviaciones a causa de los mismos hombres de Iglesia que se decían continuadores de la obra de Dom Gueranger, los cuales sientan las bases y principios directores que desembocarán en la actual reforma.
La desviación del Movimiento comienza con Dom LAMBERT BEAUDUIN, con su tendencia a insistir excesivamente sobre la importancia didáctica y pastoral de la liturgia; dicha tendencia se transformará en preeminencia con los años.
Este benedictino, luego de contactos con anglicanos y con representantes de las iglesias orientales, propulsa un ecumenismo completamente desviado. Roma aún no se da cuenta del peligro y permite a Dom Beauduin fundar en Amay-sur-Meuse un "Monasterio de la Unión", con dos comunidades paralelas, una católica y otra ortodoxa. Inspira a sus monjes tal amor al oriente que poco después muchos de ellos se pasan a la iglesia ortodoxa. Roma se alarma y Dom Beauduin debe abandonar su monasterio. Protegido por Mons. IZART, obispo de Bourges, organiza retiros (que él mismo llama "un poco canallas") en los cuales insufla sus ideas reformistas y ecuménicas a los sacerdotes que participan, especial mente a capellanes de grupos scouts. Desde 1924, Dom Beauduin se conecta con Mons. RONCALLI, que siempre lo protegerá eficazmente y que adopta, al menos parcialmente, sus ideas.
El movimiento litúrgico de Alemania también se desvía rápidamente: Dom HERWEGEN, abad de Maria-Laach, quiere liberar a la liturgia de "Las escorias de la Edad Media", Dom CASELquiere hacerla "salir de las teorías post-tridentinas de Sacrificio". Así, ya en 1920- 1925, se trata de atenuar el carácter sacrificial de la Misa. Romano GUARDINI ("maestro de la intuición psicológica") impulsa la moda de la "experiencia religiosa personal". Estas desviaciones fueron combatidas en Alemania por Mons. GROBER, arzobispo de Friburgo, pero se encontró aislado: todos los demás obispos alemanes sostenían al Movimiento.
En Francia hay multitud de innovaciones anárquicas en los campamentos scouts, en los movimientos de acción católica, y en los campos o colonias de vacaciones, en que intervienen la mayoría de los seminaristas.
En 1943 se funda el Centro de Pastoral Litúrgica, al cual Dom Beauduin fija la línea de conducta: pedir las reformas con mucha prudencia, simulando un gran respeto por la jerarquía, pero utilizando a los obispos para hacer presión sobre Roma.
Pío XII toma conciencia del peligro y expone la doctrina católica en dos encíc1icas: "MEDIATOR DEI ET HOMINUM" y "MYSTICI CORPORIS CHRISTI". Pero inmediatamente son desviadas de su sentido original por los comentarios de los innovadores.
A partir de 1950 las posiciones subversivas son abiertamente defendidas en numerosas publicaciones, mientras que en las parroquias se multiplican las innovaciones: Misa cara al pueblo, lecturas y cantos en lengua vernácula, etc. En otros países, como Estados Unidos, España, Italia, el movimiento litúrgico, inexistente o menos avanzado, sufre desde 1950 la influencia subversiva de los movimientos alemán y francés. El Movimiento Litúrgico desviado se hace mundial. Las presiones sobre Roma se hacen enormes, y Roma misma, con reticencia, se encamina por la peligrosa vía de las concesiones: nueva versión del Psalterio, simplificación de las rúbricas del Breviario, reforma de los ritos de Semana Santa, Misa vespertina...
Juan XXIII acaba la reforma litúrgica comenzada por Pío XII dando así un paso más en el sentido del Concilio. A pesar de algunas deficiencias, en esta última reforma la liturgia católica permanece sustancialmente incambiada, es decir, en los límites de la ortodoxia católica. Sin embargo se puede decir que en 1960 el Movimiento Litúrgico ha triunfado: ha sacudido la antigua estabilidad de la liturgia católica y ha insinuado una nueva concepción de ella. La tarea será definitivamente afianzada por el próximo Concilio Ecuménico, ese Concilio que, según las palabras del cardenal SUENENS, será: "1789 en la Iglesia".

LA CONSTITUCIÓN "SACROSANCTUM CONCIULIUM"

"Yo creo que el culto divino, tal como lo regulan la liturgia, el ceremonial, los ritos y los preceptos de la Iglesia Romana, sufrirá próximamente en un concilio
ecuménico una transformación que, al mismo tiempo que le devolverá la venerable sencillez de la edad de oro apostólica, lo pondrá en armonía con el estado nuevo de la consciencia y de la civilización moderna
" Canónigo ROCA (Apóstata del siglo pasado)

La Constitución conciliar "Sacrosanctum Concilium" fue aprobada solemnemente por la abrumadora mayoría de 2.147 votos a favor y cuatro en contra, el 4 de diciembre de 1963, luego de una alocución en la cual PABLO VI le dio su pública aprobación.
"Sacrosanctum Concilium" es una ley-base, es decir que solo provee las grandes líneas para la reforma litúrgica, sus principios básicos, dejando la aplicación práctica de tales principios al "Consilium" futuro y a las comisiones litúrgicas nacionales y diocesanas. El texto de la constitución conciliar (al igual que todos los demás documentos emanados del Concilio) admite dos lecturas paralelas: (a) una perfectamente tradicional, afirmando principios ortodoxos, pero que carecen de aplicación práctica; y (b) una modernista, que introduce los principios revolucionarios en germen y asegura la posterior evolución en sentido progresista. El texto, pues, en su conjunto, está lleno de equívocos "sabiamente" calculados: Los principios tradicionales son inmediatamente corregidos por un "pero" o un "sin embargo" que abren la puerta a las innovaciones. Por eso mismo el documento es en sí mismo, contradictorio: permite lo que acaba de asegurar que no puede ser permitido, afirma lo que dice no puede ni debe ser afirmado... Esta es la razón por la cual se pueden citar párrafos distintos de la misma constitución para defender dos posiciones opuestas. En razón de ésto, para conocer exactamente cuál de ambas partes, la tradicional o la modernista, es la verdaderamente intentada por los redactores del texto conciliar, hay que recurrir (como los mismos progresistas han hecho) al espíritu en que fue redactada.
¿Cuál era, pues, este espíritu? Lo podemos conocer a través de las intervenciones de los Padres Conciliares reconocidos como expertos en materia litúrgica. Estos fueron los que guiaron la opinión de los demás Padres.
El ala progresista del Concilio contaba entre sus miembros a gran cantidad de obispos misioneros en Asia y África. Entre ellos Mons. VAN BEKKUM, quien afirmó la importancia de la "espontaneidad" en la liturgia y propuso "cristianizar" las fiestas paganas; Mons. D'SOUZA (India), que destacó la necesidad de "incorporar los ritos autóctonos" (es decir paganos) en el ritual de los sacramentos (dicho anhelo se ha realizado sobradamente en el actual rito Hindú de la Misa), y asimismo, la necesidad de "hacer la liturgia inteligible", introduciendo sin restricciones el uso de la lengua vernácula; Mons. NAGAE, a su vez, protestó por la manera "demasiado occidental" en que se presentó el cristianismo en Japón, y de allí, afirmó la urgencia en simplificar los ritos, eliminar las genuflexiones "propias de la cultura occidental" (!) y los numerosos signos de la Cruz (¿también demasiado "occidentales"?). Pero la proposición más interesante fue la efectuada por Mons. DUSCHAK (Filipinas): la necesidad de elaborar una misa "ecuménica", modelada sobre la Última Cena (en otras palabras, reducir la misa a la cena protestante, reducir el Sacrificio verdadero a un simple memorial). Con una ejemplar falta de lógica, al ser preguntado si sus fieles le habían solicitado tal cosa, respondió: "No, incluso pienso que se opondrían, así como se oponen numerosos obispos. Pero si se la pudiese poner en práctica, creo que acabarían por aceptarla".
Un hecho basta para poner en claro cuál era el espíritu que animó estas primeras sesiones del Concilio: Al tomar la palabra el anciano Cardenal OTTAVIANI para protestar contra semejantes desatinos (éstos y otros más, puesto que los ya mencionados no son los peores), por orden del cardenal ALFRINK, en ese momento presidente de la sesión, le fue cortado el micrófono y debió sentarse nuevamente, entre las risas y aplausos burlones de gran parte de los Padres Conciliares.
Poco antes de que acabara el Concilio, se habían aprobado, a título experimental, y como lógica consecuencia de "Sacrosanctum Concilium", tres fórmulas de misa distintas, en las cuales la totalidad de la misa, incluso el Canon, debían decirse en voz alta, en lengua vulgar (vernácula) y de cara al pueblo.

ERRORES PARTICULARES DE
LA CONSTITUCIÓN CONCILIAR

Como ya hemos dicho, constituye solamente una ley básica, cuya aplicación práctica, particularizada, será llevada a cabo posteriormente por una comisión especial creada a tal objeto. Así mismo, constituye un compromiso, un equilibrio momentáneo e inestable, entre el conservadorismo y el progresismo... Equilibrio éste que el futuro "Consilium" se encargará de destruir. Inaugura una transformación fundamental de la liturgia, anunciando la revisión del rito de los sacramentos (en especial de la Misa, del Bautismo y de la Confirmación) y de los sacramentales, y la elaboración de un rito de concelebración.
El principio director de toda la reforma litúrgica es el ECUMENISMO: el mismo prefacio de la constitución habla de la Liturgia como un medio para promover el ecumenismo. De allí surge la imperiosa necesidad de reformar el rito de la Misa, abandonando el codificado por el Papa San Pío V, que es la máxima afirmación de la Fe Católica, y que justamente por ello, constituye el máximo impedimento al ecumenismo protestantizante.
Sienta el principio, asimismo, de que la liturgia debe adaptarse a los tiempos modernos, y con ello, afirma también la necesidad del cambio, la necesidad de la evolución de la liturgia; en pocas palabras, instaura la revolución permanente en el seno de la liturgia.
Otro error es destacar excesivamente, hasta darle la primacía, el carácter educativo-pastoral de la liturgia, lo cual va en desmedro del fin primordial de la misma, que es la gloria de Dios.
Se manifiesta claramente la tendencia biblista, condenada ya numerosas veces por la Iglesia.
Se consagra como principio la ultra-participación activa de los fieles en el rito litúrgico: lo cual se transforma en comunitarismo y culmina en el culto del hombre. Todo esto se encuentra envuelto en la más perfecta de las ambigüedades.

LOS ERRORES DE PISTOYA EN MATERIA LITÚRGICA

Los errores germinales de la "Sacrosanctum Concilium" y su explosión "primaveral" en la nueva liturgia son de una semejanza sorprendente con los errores condenados por PÍO VI en la Bula "Auctorem Fidei". Para darse cuenta basta la simple enumeración de las proposiciones condenadas, en materia litúrgica, del conciliábulo de Pistoya:
·      1) la XXVIII, que da a entender que falta una parte esencial del Sacrificio en las Misas en las cuales nadie comulga (excepto el sacerdote), Denzinger N° 1528 ;
·      2) la XXIX, que omite deliberadamente la palabra transubstanciación, Dz 1529;
·      3) la XXX, que califica de error la creencia en el poder del sacerdote para aplicar el fruto especial del Sacrificio a una persona en particular, Dz 1530;
·      4) la XXI, que declara conveniente y deseable que no haya en cada iglesia sino un solo altar, Dz 1531;
·      5) la XXXII, que prohíbe poner reliquias de santos o flores sobre el altar, Dz 1532;
·      6) la XXXIII, que manifiesta el deseo de ver la liturgia vuelta a una mayor sencillez de los ritos, expuesta en lengua vulgar y pronunciada en voz alta, Dz 1533;
·      7) la XXXIV, que insinúa la necesidad de reformar el rito de la penitencia "para verse libre de las sutilezas que en el decurso del tiempo se le han añadido", Dz 1534;
·      8) las LXI, LXII y LXIII, que condenan la adoración de la humanidad de Nuestro Señor Jesucristo, especialmente de Su Sacratísimo Corazón, Dz 1561- 1563;
·      9) la LXIV, que tacha de superstición la eficacia que se ponga en determinado número de preces y piadosos actos (contra las indulgencias), Dz 1564;
·      10) la LXVI, que afirma que sería contra la práctica apostólica y los consejos de Dios el no procurar al pueblo modos más fáciles de unir su voz con la voz de toda la Iglesia, Dz 1566;
·      11) la LXVII, que hace de la Sagrada Escritura la fuente casi exclusiva y necesaria de la vida cristiana (con las lógicas consecuencias en el ámbito de la liturgia), Dz 1567;
·      12) las LXIX y LXX, que reprueban el culto especial que los fieles tributan a las imágenes, Dz 1569-1570;
·      13) la LXXI, que prohíbe distinguir las imágenes de la Santísima Virgen por algún título que no diga mención a los misterios mencionados expresamente en la Sagrada Escritura, Dz 1571;
·      14) las LXXIII y LXXIV que enuncian, respectivamente, que la institución de nuevas fiestas (o sea, posteriores a la "edad apostólica ") ha sido un descuido de la Iglesia, y que se han de suprimir las fiestas de precepto, trasladándolas al domingo, Dz 1573-1574;
·      15) la LXXXIV, que pretende que únicamente debe existir la orden de San Benito, uno o dos sacerdotes por monasterio y que se deben decir solamente una o dos misas cotidianas en cada convento, al mismo tiempo que se recomienda la concelebración, Dz 1584-1591.

LA HEREJÍA ANTILITÚRGICA SEGÚN DOM GUERANGUER

Se trata de un resumen de la doctrina y práctica de la secta antilitúrgica respecto a la "depuración" del culto por ellos proclamada. Dichas observaciones abarcan especialmente el período que va del siglo XVI al XIX. Lo sorprendente es la correspondencia de muchos de estos principios con los contenidos implícita o explícitamente en la Constitución litúrgica y en la nueva misa.
·      l. El odio de la Tradición tal como se encuentra en las fórmulas del culto divino.
·      2. Sustituir las fórmulas de estilo eclesiástico (en el sentido más profundo de la palabra) con lecturas de la Sagrada Escritura.
·      3. Fabricar e introducir fórmulas nuevas (ya que no pueden siempre someter la Sagrada Escritura a sus propósitos).
·      4. Una habitual contradicción con sus propios principios.
·      5. Quitar de la liturgia todas las ceremonias y todas las fórmulas que expresan los misterios de la fe.
·      6. Extinción total del espíritu de oración, de la unción propia de la liturgia católica.
·      7. Supresión de los intermediarios en el culto: calendario litúrgico sin Santos.
·      8. Uso de la lengua vernácula en el culto divino.
·      9. Liberación de la fatiga y molestias que imponen al cuerpo las prácticas de la liturgia. Disminución de las oraciones públicas y particulares.
·      10. Odio a la institución papal ... y al poder papal.
·      11. Supresión del sacerdocio: todos, aun los "ministros", se transforman en laicos.
·      12. Sumisión del culto, así como toda la religión, al poder secular.
Todos estos principios se encuentran en la práctica actual de la Iglesia. Evidentemente no en el mismo grado y con la misma claridad , pero están allí, dirigiendo toda la reforma.
Que los nueve primeros se encuentran, basta leerlos para darse cuenta. Que también se encuentran los tres últimos, un simple razonamiento lo demuestra.
La colegialidad, el gobierno democrático, especialmente a través de las Conferencias episcopales, han debilitado totalmente el poder papal.
La supresión del sacerdocio se opera, no por un decreto, sino gradualmente: los sacerdotes se secularizan (total o parcialmente) hasta confundirse con los laicos; o, lo que lleva al mismo término por la vía contraria, los laicos se "sacerdotalizan" .
Finalmente, el "ecumenismo político" y la "Ostpolitik" del Vaticano se ocupan de someter la religión y el culto a los poderes temporales, ya liberales, ya comunistas.
¿Cómo pudo llegar la Iglesia a caer en lo que durante tantos siglos combatió y condenó? Misterio de iniquidad. Pero, ¿cómo puede alguien afirmar que los principios de la reforma litúrgica -contenidos ya en el Concilio- son católicos? Misterio de necedad e ignorancia. El pecado y la ignorancia, los dos males con que todo hombre nace, y el rechazo de la gracia, tales son las explicaciones últimas de la liturgia actual.

"Quien siembra el viento, cosecha la tempestad".

"Cosechando la tempestad"
EL "CONSILIUM", ORIGEN DE TODAS
LAS DEMÁS REFORMAS LITÚRGICAS

Cuando se considera, aun brevemente, la evolución del Movimiento litúrgico desviado, se tiende a considerar la constitución "Sacrosanctum Concilium" como el punto de llegada, el término de aquélla evolución. ¡Nada más lejos de la verdad! Para los innovadores la constitución es, por el contrario, sólo un punto de partida bastante imperfecto, incluso "conservador", y como tal, pronto será dejado de lado.
En efecto, la constitución es sólo el documento inicial en el cual se apoyarán para introducir las reformas siguientes. Al sucederse los documentos elaborados por el "Consilium", cada nuevo paso se basará, no ya en la constitución conciliar, sino en el documento inmediatamente anterior de modo tal que, con sorprendente rapidez, las reformas habrán ido mucho más lejos de lo que permitía suponer la letra de "Sacrosanctum Concilium".
Los innovadores invocarán siempre el espíritu del Concilio más que su letra. Y aunque pueda sorprender, ello es coherente: la letra es ambigua, pero el espíritu, como hemos visto, es absolutamente claro. Ateniéndose a él, sus reformas no serán más que el desarrollo extremo de los principios aceptados por los Padres Conciliares.

EL "CONSILIUM"

Pablo VI en 1964, en el "motu proprio" "Sacram Liturgiam", creó el "CONSILIUM AD EXSEQUENDAM CONSTITUTIONEM DE SACRA LITURGIA", la comisión para poner en práctica la constitución conciliar sobre la liturgia, encargándole la revisión de los ritos y libros litúrgicos, y en general, la aplicación práctica de los principios enunciados por "Sacrosanctum Concilium".
Este "Consilium", desde el comienzo de su actuación (y hasta su disolución en 1969, acabada su tarea de destrucción), irá gradualmente desposeyendo de sus poderes a la Sagrada Congregación de Ritos (pronto convertida en la Sagrada Congregación para el Culto Divino).
En su organización sus miembros se repartirán en dos grandes grupos: primero, el "Consilium" oficial, con sus integrantes elegidos por el Pontífice y en su mayor parte formado por personajes eclesiásticos reconocidamente comprometidos con el Movimiento Litúrgico; y en segundo lugar, los consultores y expertos, elegidos por el "Consilium ", quienes serán los que realicen efectivamente las reformas, presentadas luego al Pontífice a través del "Consilium" oficial (en este grupo se encuentra la "crema" del Movimiento Litúrgico). La comisión encargada de la reforma del "Ordo Missae" contaba además con la presencia de seis observadores protestantes. Se ha negado que tuvieran alguna intervención activa en dicha reforma, pero Mons. BAUM (integrante de la conferencia episcopal de Estados Unidos y miembro del "Consilium") ha confirmado lo contrario: "No están allí simplemente como observadores, sino también como consultores, y participan plenamente en las discusiones sobre la renovación litúrgica católica".

OBJETIVOS DEL "CONSILIUM"

El objetivo principal del "Consilium" fue fijado por el mismo Pablo VI: "Hacer la liturgia más pura, más genuina, más próxima a sus fuentes de verdad y gracia, más apta para ser patrimonio espiritual del pueblo".
De tales errores ya condenados por sus antecesores (arqueologismo, comunitarismo, preocupación excluyente por la "inteligibilidad" de los ritos), planteados como principios rectores y como meta de las reformas, sólo podían surgir los frutos que hoy vemos.
Annibale BUGNINI, secretario del "Consilium", maestro consumado en estos menesteres, ha expuesto claramente el método y los objetivos de los reformadores: "Para que el paso de lo viejo a lo nuevo ocurra sin solución de continuidad, sin repentinos contrastes o perjudiciales retrocesos, sino por medio de una lenta y gradual y natural evolución hasta la perfecta restauración de toda la maravillosa obra maestra, que es la sagrada liturgia".
Toda la acción del "Consilium" se basará sobre principios erróneos:
·      -el regreso a las fuentes, el arcaísmo o arqueologismo denunciado por Pío XII en MEDIATOR DEI: destruir la Tradición viviente para reconstruir artificialmente estructuras ya muertas;
·      -La desacralización, consecuencia forzosa de ese primitivismo artificial, que en vez de revalorizar lo sagrado, conduce hacia lo profano;
·      -la obsesiva preocupación por la inteligibilidad de los ritos, que lleva implícito el desprecio hacia la capacidad intelectual de las generaciones anteriores y que bajo la apariencia de facilitar la comprensión, lleva irremisiblemente hacia una simplificación tal, que nos considera como una generación de retardados;
·      -el comunitarismo, la alteración y sobrevaloración de la importancia de la comunidad, y que en realidad es más el culto de las masas propio del comunismo que un verdadero espíritu comunitario;
·      -el activismo, las manifestaciones meramente físicas de la participación en los ritos, considerándolo lo único importante, el único signo por el cual se valora la espiritualidad de una comunidad;
·      -Todos estos errores confluyen en uno solo: la substitución progresiva del culto de Dios por el culto del hombre.

LA OBRA DEL "CONSILIUM"

Haciéndose eco de las palabras de Lutero ya citadas, "Destruid la Misa; y destruiréis la Iglesia Católica", los reformadores comenzaron inmediatamente su tarea: en poco menos de tres meses, ya se había elaborado un nuevo rito para la concelebración y para la comunión bajo las dos especies, a la vez que se estaban realizando las primeras concelebraciones "ad experimentum".
¿Cómo explicar un trabajo tan veloz y prolífico? No ciertamente por un milagro de espontaneidad y esfuerzo, sino más simplemente: en realidad, son los frutos largamente madurados del movimiento litúrgico desviado, son documentos que ya muchos años antes habían sido pensados y planeados hasta en sus mínimos detalles.
Los documentos se irán sucediendo: las Instrucciones "INTER OECUMENICI" (septiembre de 1964) y "TRES ABHINC ANNOS" (mayo de 1967) son las más importantes por los poderes en materia litúrgica que conceden a las conferencias episcopales (reafirmando la falsa colegialidad) y, especialmente, por las reformas que introducen en el "Ordo Missae", acentuando el sentido protestante que se quiere dar a la Misa: con el canon en voz alta, se quiere convertir a la consagración en el relato de la Cena y no ya en la renovación incruenta del Sacrificio de la Cruz; con la supresión de los gestos de adoración (genuflexiones, ósculos) se tiende a disminuir la fe en la Presencia Real de Cristo en las especies consagradas.
Según Bugnini, todas estas reformas introducidas en el "Ordo" carecían de importancia, eran mínimas y -el mismo Bugnini lo reconoce- agradaban a los interesados en el movimiento litúrgico: (las reformas) "se refieren, por lo general, a las ceremonias que reclaman una mayor agilidad, debido a que la celebración en lengua vernácula y, frecuentemente, frente a la asamblea, hace que algunos gestos resulten anacrónicos y superfluos y que, por lo tanto, sobre todo en algunos ambientes donde ha aumentado el interés por la liturgia, provoquen incomprensión y fastidio".
Las palabras de Bugnini son, en cierto modo, válidas: la Misa, con tantas alteraciones, mutilaciones y reformas, en sus oraciones y gestos simbólicos, con tantos cambios físicos que la rodean (altar separado, celebración cara al pueblo, supresión del tabernáculo en los altares, etc.), se había convertido en un híbrido irreconocible, y estaban dadas las condiciones necesarias para reemplazarla por un nuevo ordenamiento del rito.
El Padre Bugnini elaboró una nueva misa que, bajo el nombre de MISA NORMATIVA, fue presentada al Sínodo de los Obispos reunidos en Roma, en octubre de 1967, y fue adoptada por una mayoría de 71 votos simplemente afirmativos, más 62 afirmativos "iuxta modum" es decir, con ciertas reservas. Tales reservas, que han hecho creer a algunos que dichos votos eran negativos, en realidad se referían a cuestiones secundarias, sin alterar de ningún modo ni el ordenamiento, ni las oraciones de la Misa.
Esta Misa normativa retocada, será el "NOVUS ORDO MISSAE" impuesto en 1969.
Este proceso de descomposición de la Misa será acompañado y completado por uno semejante en los ritos de todos los sacramentos y sacramentales.

CONCLUSIÓN

Este rápido pantallazo nos ha permitido ver cómo los errores destructores de la Liturgia han entrado y señorean en la Iglesia desde los albores de la reforma de los sacramentos. Es un cáncer que ha penetrado en el cuerpo místico y se ha apoderado, a la manera de una leucemia, del flujo vital de éste, la Liturgia. Es un cáncer que progresa e intenta hacer metástasis en los órganos vitales, los sacramentos. Uno por uno estos órganos vitales irán cayendo bajo su poder.



domingo, 14 de junio de 2015

La herejía antilitúrgica - Dom Prosper Guéranger.





Advertencia:

   El siguiente artículo fué escrito por el primer Abad de Solesmes entre los años 1840-1851. Cualquier semejanza con la reforma litúrgica del postconcilio No es mera coincidencia.


La herejía antilitúrgica - Dom Prosper Guéranger.

Instituciones litúrgicas por Dom Prosper Guéranger
La herejía antilitúrgica.

Libro I —Capítulo XIV: sobre la herejía antilitúrgica y la reforma protestante del siglo XVI, consideradas desde el punto de vista de sus relaciones con la Liturgia.

La Liturgia es una cosa demasiado importante en la Iglesia como para no haber sido el blanco de los ataques de la herejía. Pero de la misma manera en que la autoridad de la Iglesia no fue en absoluto combatida, como noción, directamente por las sectas de Oriente que desgarraron de tan diversos modos el Credo, el racionalismo, en esa patria de los Misterios, no persiguió las formas del culto de manera sistemática. Las sectas orientales, divididas por desacuerdos violentos, aunaron al cristianismo, algunas un panteísmo encubierto, otras el principio mismo del dualismo; pero, por sobre todas las cosas, sintieron la necesidad de creer y de ser cristianas, y su Liturgia expresa perfectamente su situación. Ciertas fórmulas se encuentran deshonradas por blasfemias sobre la Encarnación del Verbo, pero ese desorden no impide que las nociones tradicionales de la Liturgia se conserven en esas fórmulas y en los ritos que las acompañan: más aún, la fe por muy desfigurada que esté, ha sido fecunda, casi hasta nuestros días, en esos hombres que creen mal pero que, sin embargo, quieren creer; y los jacobitas, los nestorianos, contando solamente a partir del año 1000, produjeron más fórmulas litúrgicas, más anáforas, por ejemplo, que los griegos melquitas cuyos libros casi no se acrecentaron desde la separación de la Iglesia Romana, fuera de alguna que otra colección de himnos compuesta por todo tipo de personas y que fueron agregados a los libros de oficios. De todas maneras, este último tipo de plegarias —como son las anáforas, las bendiciones, etc., compuestas por los jacobitas y los nestorianos modernos, cuyos textos, o la nota sobre ellos, podemos hallar en el libro de Renaudot sobre las Liturgias de Oriente, o en la biblioteca oriental de Assemani —no pertenece a la esencia de la Liturgia. El lector se equivocaría, sin embargo, si pensara que nos proponemos señalar esta extrema abundancia como una marca de progreso; la antigüedad, la inmutabilidad de las fórmulas del culto, es la primera de sus virtudes; pero esa fecundidad es, al menos, un signo de vitalidad, y no es posible dejar de reconocer que el estilo eclesiástico de esas anáforas, incluso de las más recientes, está en perfecto acuerdo con el ya consagrado por los siglos. En lo que concierne a las tradiciones sobre los ritos y las ceremonias, las sectas de Oriente las han conservado a todas con una fidelidad poco común, y si a veces se encuentran mezcladas con rasgos supersticiosos, eso mismo es un testimonio, al menos, de un fondo primitivo de fe, así como en nuestro ámbito la disminución progresiva de las prácticas exteriores indica la existencia de un racionalismo secreto cuyos resultados están a la vista.
La Iglesia Griega ha conservado, en general, con gran cuidado sino el espíritu al menos las formas de la Liturgia. Ya hemos dicho, en otra parte, como fue predestinada por Dios, al menos por un tiempo, para dar, con la inmovilidad de sus antiguos usos, un irrecusable testimonio de la pureza de las tradiciones latinas. Es por ello que Cirilo Lucaris fracasó de manera vergonzosa en su proyecto de iniciar a la Iglesia Oriental en las doctrinas del racionalismo de Occidente. De todas formas, el espíritu discutidor y puntilloso de Marco de Éfeso persiste en el seno de la Iglesia Griega y, cuando esa Iglesia sea llamada a fundirse en nuestras sociedades europeas, producirá los frutos que le son naturales. Antes de volver a la unidad, la Iglesia Griega tiene que pasar fatalmente por el protestantismo, y tenemos muchas razones para creer que semejante revolución ya se ha llevado a cabo en el corazón de sus pontífices. En el mismo orden de cosas, La Liturgia, forma oficial de una creencia oficial, permanecerá estable o variará de acuerdo con la voluntad del soberano. Así, no hay ninguna posibilidad de herejía litúrgica allí donde el Credo ya está minado, allí donde sólo se encuentra un cadáver de cristianismo que solamente se mueve un poco por resortes o algún tipo de galvanismo, hasta que llegue el momento en que, al desmoronarse, por su propia podredumbre, se volverá tan incapaz de recibir los impulsos externos como lo es, desde hace tiempo, de sentir el ímpetu de la vida.
Es, pues, únicamente en el seno de la verdadera Iglesia donde tiene que fermentar la herejía antilitúrgica, es decir esa herejía que se constituye en enemiga de las formas del culto. Es, únicamente, allí donde hay algo para destruir que el espíritu de la destrucción tratará de instilar ese veneno deletéreo. Oriente sólo padeció una vez, aunque con violencia, semejantes convulsiones, y eso fue en el tiempo de la unidad con Roma. En el siglo VIII surgió una secta furiosa que, con el pretexto de liberar el espíritu del yugo de la forma, destrozó, desgarró, quemó los símbolos de la fe y del amor del cristiano; corrió la sangre en defensa de la imagen del Hijo de Dios, como cuatro siglos antes había corrido por el triunfo del verdadero Dios sobre los ídolos. Pero a la cristiandad occidental le estaba reservado ver surgir en su seno la guerra más larga, más empecinada, una guerra que dura todavía, contra el conjunto de los actos litúrgicos. Dos cosas contribuyeron a mantener a las Iglesias de Occidente en ese continuo infortunio: en primer lugar, como acabamos de decirlo, la vitalidad inherente al cristianismo romano, el único que merece el nombre de cristianismo y, por ende, aquel contra el cual tienen que volverse todas las potencias del error; en segundo lugar, el carácter racionalmente material de los pueblos de Occidente que, desprovistos de la flexibilidad mental griega y del misticismo oriental, lo único que saben hacer, en lo que concierne a las creencias, es negar, es arrojar lejos de sí lo que los molesta o los humilla; incapaces, por ambas razones, de seguir, como los pueblos semíticos, la misma herejía durante largos siglos. Esta es la razón por la cual, en nuestro ámbito, exceptuando ciertos hechos aislados, la herejía siempre ha actuado negando y destruyendo. Tal es, como veremos, la tendencia de todos los esfuerzos de la inmensa secta antilitúrgica.
1) El primer rasgo de la herejía antilitúrgica es el odio de la Tradición expresada en las fórmulas del culto divino. No se puede negar la presencia ese rasgo especial en todos los heréticos a que nos hemos referido, desde Vigilancio hasta Calvino, y la razón de ello es muy fácil de explicar. Todo sectario que pretende introducir una nueva doctrina, se encuentra ineluctablemente en presencia de la Liturgia, que es la Tradición en su máxima expresión, y no descansará hasta acallar esa voz, hasta desgarrar esas páginas que contienen la fe de los siglos pasados. En efecto, ¿cómo hicieron el luteranismo, el calvinismo, el anglicanismo para establecerse y mantenerse en el pueblo? Lo único que tuvieron que hacer fue suplantar con libros nuevos y fórmulas nuevas los libros y las fórmulas antiguas, y así todo fue consumado. Nada podía ya molestar a los nuevos doctores, podían predicar a sus anchas: la fe de los pueblos ya no tenía defensa. Lutero entendió esto con una sagacidad digna de nuestros jansenistas, cuando, en el primer período de sus innovaciones, en la época en que se veía todavía obligado a conservar una parte de las formas externas del culto latino, estableció el siguiente reglamento para la misa reformada: “Aprobamos y conservamos los introitos de los domingos y de las fiestas de Jesucristo, es decir Pascua, Pentecostés y la Natividad. Preferiríamos, con gusto, los salmos enteros de los que se han sacado esos introitos, como era el uso antaño; pero estamos dispuestos a conformarnos con el uso actual. Ni siquiera criticamos a quienes quieran mantener los introitos de los Apóstoles, de la Virgen y de los demás santos, CUANDO ESOS TRES INTROITOS ESTÉN SACADOS DE LOS SALMOS Y DE OTRAS PARTES DE LA ESCRITURA (Lebrun, Explicación de la Misa. Tomo IV, página 13.) A Lutero le horrorizaban los cánticos que la Iglesia había compuesto para la expresión pública de la fe. Sentía muy bien en ellos el vigor de la Tradición que él quería proscribir. Si le reconocía a la Iglesia el derecho de unir su voz, en las santas asambleas, con los oráculos de las Escrituras, corría el riesgo de oír a millones de voces anatematizando sus nuevos dogmas. Así pues, abominó de todo aquello que en la Liturgia no está estrictamente sacado de las Sagradas Escrituras.
2) Reemplazar las fórmulas de estilo eclesiástico por lecturas de la Sagrada Escritura, es el segundo principio de la secta antilitúrgica. De ello obtiene dos beneficios: primero, hacer callar la voz de la Tradición a la que no deja de temer; segundo, es un medio de propagar y de apoyar sus dogmas por vía de afirmación o de negación. Por vía de negación: al silenciar, por medio de una hábil selección, los textos que expresan la doctrina opuesta a los errores que se quiere instaurar; por vía de afirmación: al poner en evidencia los pasajes truncados que al mostrar uno solo de los aspectos de la verdad ocultan el otro ante los ojos del vulgo. Es bien sabido, desde hace muchos siglos, que la preferencia que los heréticos acuerdan a la Sagrada Escritura por encima de las definiciones eclesiásticas, no tiene otra causa que la facilidad de hacer que la Palabra de Dios diga lo que ellos quieren, presentándola u ocultándola de acuerdo con lo que les conviene. Ya veremos, más adelante, lo que hicieron en este sentido los jansenistas, obligados, por su sistema, a conservar el vínculo externo con la Iglesia; en cuanto a los protestantes, terminaron reduciendo la Liturgia, casi por entero, a la lectura de la Escritura, acompañada de discursos que la interpretan desde el punto de vista de la razón. En lo que respecta a la elección y al establecimiento de los libros canónicos, terminaron cayendo en el puro capricho del reformador que, en última instancia, decide no solamente el sentido de la Palabra de Dios sino qué texto debe considerarse parte de esa Palabra. Es así que Martín Lutero, para cuyo sistema panteísta la doctrina de que las obras son inútiles y de que la fe basta son dogmas que necesitan ser establecidos, declaró que la Epístola de Santiago es una epístola sin importancia, y no una epístola canónica, por el solo hecho de que allí se enseña la necesidad de las obras para la salvación. En todos los tiempos y en todas las circunstancias, ocurrirá lo mismo: ninguna fórmula eclesiástica, nada más que la Escritura, pero interpretada, elegida, presentada por aquel o aquellos que sacan provecho de las innovaciones. Es una trampa peligrosa para los simples y es solamente después de mucho tiempo que es posible percatarse del engaño y del hecho de que la Palabra de Dios, esa espada de doble filo como dice el Apóstol, produjo muchas heridas por haber sido blandida por los hijos de perdición.
3) El tercer principio de los heréticos de la reforma de la Liturgia—luego de haber expulsado las fórmulas eclesiásticas y de haber proclamado la necesidad absoluta de emplear únicamente las palabras de la Escritura en el servicio divino, y percibiendo que la Escritura no siempre se presta, como querrían, a sus designios— consiste en fabricar e introducir diversas fórmulas llenas de perfidia con las que los pueblos quedan más sólidamente encadenados al error y con las que todo el edificio de la reforma impía se consolidará por siglos.
4) No habrá que sorprenderse de la contradicción que la herejía demuestra en sus obras una vez se considere que el cuarto principio impuesto por los sectarios, por la naturaleza misma de su estado de rebelión, es la contradicción constante con sus mismos principios. Así tiene que ser para que sean confundidos ese gran día, que llegará tarde o temprano, en el que Dios pondrá de manifiesto su desnudez ante la vista de los pueblos que ellos sedujeron; y, también, porque no es lo propio del hombre el ser consecuente, solamente la verdad puede serlo. Es así como todos los sectarios, sin excepción, comienzan por reivindicar los derechos de la antigüedad; quieren liberar el cristianismo de todo lo falso e indigno de Dios que el error y las pasiones de los hombres le agregaron; no quieren nada fuera de lo primitivo y pretenden entroncar con los orígenes de la institución cristiana. Es por eso que podan, borran, recortan, todo cae bajo de sus golpes; y cuando se espera ver resurgir el culto divino en su pureza primigenia, resulta que hay una invasión de fórmulas nuevas que datan de la víspera, que son incuestionablemente humanas puesto que el que las redactó todavía está vivo. Toda secta pasa necesariamente por esto; lo vimos en el caso de los monofisitas, en el de los nestorianos; volvemos a encontrarnos con lo mismo en todas las ramas del protestantismo. La pretensión de predicar la antigüedad sólo los condujo a rechazar todo el pasado y a jurarle a los pueblos seducidos que todo está bien, que las exageraciones papistas desaparecieron, que el culto divino alcanzó la santidad primitiva. Observemos, también, algo que es característico en el cambio de la Liturgia por los heréticos: en su furia de innovación, no se contentan con recortar las fórmulas de estilo eclesiástico que condenan como meras palabras humanas, sino que extienden su reprobación a las lecturas y a las plegarias mismas que la Iglesia tomó de la Escritura; cambian y substituyen porque no quieren orar con la Iglesia, se excomulgan de este modo a sí mismos y temen hasta la menor parcela de la ortodoxia que dictó la elección de esos pasajes.
5) Puesto que la reforma de la Liturgia fue emprendida por los sectarios con el mismo objetivo que la reforma del dogma, de la que es consecuencia, de esto se desprende que, así como los protestantes se separaron de la unidad con el fin de creer menos, aquellos terminan por verse obligados a eliminar del culto todas las ceremonias, todas las fórmulas que expresan los Sagrados Misterios. Todo lo que no les parecía puramente racional fue tachado por ellos de superstición e idolatría, con lo que disminuyeron las expresiones de la fe, obstruyendo con la duda e incluso con la negación todos los caminos que llevan al mundo sobrenatural. Es así como ya no hay más sacramentos, excepto el bautismo —hasta que llegue el socinianismo que liberará de esa obligación a sus adeptos—, ni sacramentales, bendiciones, imágenes, reliquias de santos, procesiones, peregrinaciones, etc. Ya no hay más altar, sólo una simple mesa; ni sacrificio, como en todas las religiones, sino simplemente una cena; ni iglesia, sólo un templo, como en la época de los Griegos y los Romanos; ni arquitectura religiosa, puesto que no hay más misterios; ni pintura ni escultura cristianas, puesto que no hay más religión sensible; en fin, no hay más poesía en un culto que no está fecundado por el amor ni por la fe.
6) La supresión de los elementos del misterio en la Liturgia Protestante tenía, infaliblemente, que producir la total extinción de ese espíritu de plegaria al que el catolicismo llama unción. Un corazón rebelde no tiene amor, y un corazón sin amor podrá, a lo sumo, producir expresiones tolerables de respeto o de temor, con la frialdad soberbia del fariseo; así es la Liturgia Protestante. Es perceptible que aquel que la recita se aplaude a sí mismo por no pertenecer a la muchedumbre de esos cristianos papistas que rebajan a Dios a su propio nivel con la familiaridad de su lenguaje común.
7) Puesto que trata noblemente con Dios, la Liturgia Protestante no tiene necesidad de la mediación de las creaturas. Pensaría que le falta el respeto al Ser Supremo si invocase la intercesión de la Virgen Santísima o la protección de los santos. Deja de lado toda esa idolatría papista que le pide a la creatura lo que sólo hay que pedirle a Dios; limpia el calendario de todos esos nombres humanos que la Iglesia Romana inscribe, de manera tan temeraria, junto al nombre de Dios; siente, sobre todo, horror del nombre de los monjes y de otros personajes recientes que figuran allí junto a los nombres venerados de los Apóstoles elegidos por Jesucristo, y con los que fue fundada esa Iglesia primitiva que es la única que mantuvo la fe pura y que estuvo libre de toda superstición en el culto y de todo relajamiento en la moral.
8) Como la reforma litúrgica tiene entre sus fines principales la abolición de los actos y las fórmulas de los Sagrados Misterios, de ello se desprende, necesariamente, que sus autores tenían que reivindicar el uso de la lengua vulgar en el servicio divino. Éste es, pues, uno de los puntos más importantes para los sectarios. Sostienen que el culto no es una cosa secreta, que es necesario que el pueblo entienda lo que canta. El odio de la lengua latina es algo innato en el corazón de todos los enemigos de Roma; en ella ven el lazo que une a todos los católicos del mundo, el arsenal de la ortodoxia en contra de todas las sutilezas del espíritu de secta, el arma más poderosa del Papado. El espíritu de rebeldía que los empujó a confiar la plegaria universal al idioma de cada pueblo, de cada provincia, de cada siglo, produjo, por otra parte, sus frutos, y los reformados pueden constatar día a día que los pueblos católicos, a pesar de sus plegarias latinas, aman más y cumplen con mayor celo los deberes del culto que los pueblos protestantes. A toda hora del día, el servicio divino se lleva a cabo en las iglesias católicas: el fiel que asiste deja, en el umbral, su lengua materna; excepto en el momento de la predicación escucha solamente esos misteriosos acentos que dejan de resonar, incluso, en el momento más solemne, durante el Canon de la Misa; y, sin embargo, ese misterio lo encanta de tal manera que no envidia la suerte del protestante, aunque los oídos de éste último sólo escuchen sonidos cuyo significado entiende. Mientras que al templo reformado le cuesta reunir, una vez por semana, a los cristianos puristas, la Iglesia papista ve como, sin cesar, sus numerosos altares son asediados, cada día, por sus religiosos hijos que dejan un momento sus trabajos para ir a escuchar esas palabras misteriosas que tienen que ser del mismo Dios porque nutren la fe y calman el sufrimiento. Confesemos que fue una jugada maestra del protestantismo el haber declarado la guerra a la lengua santa; si pudiera llegar a destruirla, su triunfo total estaría cercano. Desnuda ante las miradas profanas, como una virgen deshonrada, la Liturgia perdió, a partir de ese momento su carácter sagrado y ha de llegar pronto el momento en que el pueblo se dé cuenta de que no vale demasiado la pena abandonar sus labores o sus placeres para ir a oir hablar de la misma manera en se habla en la plaza pública. Saquémosle a la Iglesia de Francia sus declamaciones radicales y sus diatribas contra la supuesta venalidad del clero, y ya veremos si el pueblo irá a escuchar, por mucho tiempo aún, al así llamado Primado de las Galias gritar: El Señor esté con vosotros; y a otros que le responden: Y con tu espíritu. Nos ocuparemos, en otra parte, de manera especial, de la lengua litúrgica.
9) Al despojar la Liturgia del misterio que rebaja a la razón, el protestantismo bien sabía cuál era la consecuencia práctica: liberarse del cansancio y de la molestia que le imponen al cuerpo las prácticas de la Liturgia papista. Para empezar, basta de ayunos y de abstinencias; basta de genuflexiones durante la plegaria; para los ministros del templo, basta de oficios diarios que cumplir, y hasta de las plegarias canónicas para rezar en nombre de la Iglesia. Ésta es una de las formas principales de la gran emancipación protestante: reducir la suma de las plegarias públicas y particulares. Los hechos mostraron pronto que la Fe y la Caridad que se nutren de la plegaria se habían apagado en la Reforma, mientras que en los católicos no dejan de alimentar todos los actos de entrega a Dios y a los hombres, fecundadas como están por el inefable socorro de la plegaria litúrgica que lleva a cabo el clero secular y regular, al que se une la comunidad de los fieles.
10) Como el protestantismo necesitaba una regla para discernir entre las instituciones papistas aquellas que podían ser las más hostiles a sus principios, tuvo que hurgar en los cimientos del edificio católico para encontrar la piedra fundamental que lo sostiene. Su instinto le hizo descubrir de inmediato el dogma inconciliable con cualquier innovación: la autoridad del Papa. Cuando Lutero escribió en su estandarte: Odio para Roma y sus leyes, no hizo otra cosa que promulgar una vez más el gran principio de todas las ramas de la secta antilitúrgica. A partir de allí fue necesario abrogar en masa el culto y las ceremonias, como idolatría romana; la lengua latina, el oficio divino, el santoral, el breviario, abominaciones todas de la gran prostituta de Babilonia. Los dogmas del Pontífice Romano pesan sobre la razón y las prácticas rituales que impone pesan sobre los sentidos; es necesario, entonces, proclamar que sus dogmas no son más que error y blasfemia, y que sus preceptos litúrgicos constituyen una manera de asentar con más fuerza una dominación usurpada y tiránica. Es por eso que en sus letanías emancipadas, la Iglesia Luterana continúa cantando ingenuamente: Del homicida furor, calumnia, rabia y ferocidad del Turco y del Papa, líbranos Señor. (Lutherisches Gesangbuch. Lepizig. Página 667.) Es el momento oportuno para recordar aquí las admirables consideraciones que hace Joseph de Maistre en su libro Acerca del Papa en el que muestra, con gran sagacidad y profundidad que, a pesar de los desacuerdos que tendrían que aislar unas de otras a las distintas sectas separadas, hay una característica que la reúne a todas: el no ser romanas. Imaginemos cualquier tipo de innovación, ya sea en materia de dogma o de disciplina, y ya veremos si es imposible intentarla sin merecer, de buena o mala manera, el mote de no romano o, si se carece de audacia, de menos romano. Habría que ver qué tipo de reposo podría hallar un católico en la primera, o incluso en la segunda, de esas dos situaciones.
11) La herejía antilitúrgica, para asentar para siempre su imperio, necesitaba destruir, de hecho y por principio, todo sacerdocio en el cristianismo; porque se daba cuenta de que allí donde hay un pontífice hay un altar, y que donde hay un altar hay un sacrificio y, por lo tanto, un ceremonial misterioso. Luego, pues, de haber abolido la calidad de Supremo Pontífice, hacía falta aniquilar el carácter del obispo del que emana la mística imposición de manos que perpetúa la jerarquía sagrada. De allí proviene un vasto presbiterianismo que no es sino la consecuencia inmediata de la eliminación del Supremo Pontificado. A partir de ese momento, ya no existe el sacerdote propiamente dicho; ¿cómo la simple elección, sin consagración, podría hacer de él una persona sagrada? La reforma de Lutero o de Calvino no tendrá más que ministros de Dios, o simples hombres, según se prefiera. Pero no es posible detenerse en este punto. Elegido e instalado por laicos, cubierto en el templo con la túnica de una vaga magistratura bastarda, el ministro no es más que un laico revestido de una función accidental; en el protestantismo, entonces, sólo hay laicos, y así tenía que ser puesto que ya no hay Liturgia, y ya no hay más Liturgia porque sólo hay laicos.
12) Para terminar, y es éste el último grado de embrutecimiento, como el sacerdocio ya no existe puesto que la jerarquía está muerta, el Príncipe, única autoridad posible entre laicos, se proclama Jefe de la Religión, y así se ve a los más temibles reformadores, después de haber sacudido el yugo espiritual de Roma, reconocer al soberano temporal como Pontífice Supremo y colocar el poder sobre la Liturgia entre las atribuciones del derecho real. Así pues, el dogma, la moral, los sacramentos, el culto, el cristianismo, sólo existirán en la medida en que le plazca al Príncipe, ya que al serle concedido el poder absoluto sobre la Liturgia también se le concedió sobre todas esas cosas que ésta expresa y aplica en la comunidad de los fieles. Ese es, sin embargo, el axioma fundamental de la Reforma en la práctica y en los escritos de los doctores protestantes. Un último rasgo completará el cuadro y pondrá al lector en condiciones de juzgar cuál es la naturaleza de esa pretendida liberación, llevada a cabo con tanta violencia con respecto al Papado, para luego dar lugar, necesariamente, a una dominación que destruye la naturaleza misma del cristianismo. Es cierto que en sus orígenes la secta antilitúrgica no acostumbraba a halagar de tal modo a los poderosos: albigenses, valdenses, wiclifitas, husitas, todos enseñaban que era necesario resistir y aun combatir a cualquier príncipe o magistrado que se encontrase en estado de pecado mortal, sosteniendo que un príncipe quedaba desposeído de su derecho desde el momento en ya no estaba en estado de gracia. La razón de esto es que esos sectarios temían la espada de los príncipes católicos, verdaderos obispos del poder temporal, y que tenían mucho para ganar socavando su autoridad. Pero desde el momento en que los soberanos, asociados a la rebelión en contra de la Iglesia, quisieron hacer de la religión algo nacional, un medio de gobierno, la Liturgia reducida, lo mismo que el dogma, a los límites de un país, terminó, naturalmente, por depender de la más alta autoridad del país en cuestión; y los reformadores no pudieron dejar de sentir el más vivo reconocimiento por quienes prestaban la ayuda de un brazo poderoso para el establecimiento y la subsistencia de sus teorías. Es muy cierto que hay una verdadera apostasía en esta preferencia otorgada, en materia de religión, a lo temporal por sobre lo espiritual; pero se trataba para los reformadores de una necesidad absoluta de supervivencia. No sólo hay que ser consecuente, también hay que vivir. Es por eso que el mismo Lutero que se separó con estruendo del Pontífice Romano, acusándolo de todas las abominaciones de Babilonia, no se avergonzó al tener que declarar la legitimidad teológica del doble matrimonio del Landgrave de Hesse; y es por eso, también, que el abate Grégoire encontró en sus principios el modo de conciliar su voto en la Convención por la condena a muerte de Luis XVI, con su defensa, al mismo tiempo, de Luis XIV y de José II en contra de los Romanos Pontífices.
Tales son las principales máximas de la secta antilitúrgica. No hemos, por cierto, exagerado en nada; no hemos hecho más que señalar la doctrina cien veces profesada en los escritos de Lutero, de Calvino, de los Centuriadores de Magdeburgo, de Hospiniano, de Kemnitz, etc. Es fácil consultar estos libros o, más bien, la obra inspirada en ellos y que está a la vista de todo el mundo. Hemos creído que era útil poner en evidencia sus principales características. Siempre es algo provechoso conocer el error; la enseñanza directa es a veces menos ventajosa y menos fácil. Con todos estos datos, el lógico católico puede establecer las tesis contrarias.
(Traducción de Miguel Frontán Alfonso)

viernes, 29 de mayo de 2015

Dom Prospero Guéranger, restaurador y liturgista



Dom Prospero Guéranger, restaurador y liturgista

En el siglo XVIII la Liturgia había dejado de ser una fuerza vital del catolicismo. La Liturgia, tan admirablemente restaurada después de la crisis protestante por voluntad expresa de los Padres Conciliares de Trento y compendiada por San Pio V al publicar el Misal y el Ritual Romano, había sufrido los ataques del jansenismo y del quietismo. Los discípulos de Jansenio habían apartado a los fieles de la práctica de los sacramentos. El quietismo, que pretendía llegar a Dios directamente, había desviado a las almas de la liturgia, intermediaria querida por la Iglesia entre Dios y nosotros. Es la época en que el galicanismo triunfante componía sus liturgias diocesanas en las que el único punto de encuentro era el carácter antirromano. Toda Europa sucumbía en la herejía antilitúrgica o se veía influenciada por ella.
Prospero Guéranger nació en Sablé, el 4 de abril de 1805. De joven, solía pasear hasta Solesmes, antigua abadía benedictina secularizada en 1790 durante la Revolución francesa. Tras sus estudios en el liceo de Angers, una vocación sacerdotal precoz le condujo al seminario de Le Mans. Fue atraído por el estudio pormenorizado de la historia de la iglesia. Descubrió un pasado en el cual había sido floreciente el monaquismo y el contacto con las grandes obras de los mauristas despertaron en él cierto deseo de vida monástica. Cuando se enteró en 1831 del inminente derribo del priorato de Solesmes, se le ocurrió la idea de adquirirlo para reemprender la vida benedictina. Con la ayuda de unos amigos, el impulso del obispo, reúne apenas lo suficiente para alquilar el monasterio e instalarse allí con tres compañeros el 11 de julio de 1833.
Tras cuatro años de prueba, Dom Guéranger va a Roma en 1837 a solicitar una aprobación. La Santa Sede no sólo reconoce como auténticamente benedictina la comunidad de Solesmes. También convierte el pequeño priorato en abadía jefe de una congregación francesa de la orden de San Benito. Así, sucede a las antiguas congregaciones de Cluny, Saint-Vanne y Saint-Maur. El 26 de julio, Dom Guéranger emite su profesión solemne entre las manos del Abad de San Pablo Fuera los Muros en Roma.
Además de la obra viva de Dom Guéranger, el restaurador de Solesmes dejó dos obras escritas que no pudo completar: las “Instituciones Litúrgicas” y “El año litúrgico”. Cuando apareció el primer volumen de la primera en 1841, en el que se trazaba la historia de la Liturgia hasta el Concilio de Trento, los aplausos y las felicitaciones fueron unánimes. Dicha unanimidad se rompió al aparecer el volumen segundo, en el que el autor puso de relieve las desviaciones aparecidas en Francia en los siglos XVII y XVIII y como estas habían conducido a la desaparición en ella del rito romano.
La repercusión fue clamorosa, las adhesiones más sinceras se mezclaron con los ataques furiosos. Dom Guéranger respondió con moderación y respeto, pero con gran seguridad y firmeza. El resultado fue más halagüeño que el que él mismo habría esperado: pronto una diócesis tras otra fueron adoptando la liturgia romana. Antes de morir en 1875, tuvo el consuelo de comprobar que todas las diócesis francesas habían vuelto al rito romano y que la piedad litúrgica reflorecía ya entre el clero y los fieles.

"Es, pues, únicamente en el seno de la verdadera Iglesia donde tiene que fermentar la herejía antilitúrgica, es decir esa herejía que se constituye en enemiga de las formas del culto. Es, únicamente, allí donde hay algo para destruir que el espíritu de la destrucción tratará de instilar ese veneno deletéreo."

Para descargar los cinco volúmenes juntos de "El año litúrgico" en Google Drive: https://drive.google.com/file/d/0BwSzDh2zVUftRUNwbDd2MzJteG8/view?usp=sharing



jueves, 28 de mayo de 2015

Ordo 2015 - Junius




IUNIUS


1. Alb. Feria II. S. Angelae Mericiae Virg., III cl. – Off. ordinarium. – L. 1 et 2 (= 2 et 3) de Scr. occ., 3 de festo, Te Deum.

MISSA Dilexisti, Gloria, ors. pr., sine Credo, praef. comm.

2. Vir. Feria III post Dom. I post Pent., De ea, IV cl. – Off. Feriale per annum. – Ad MAT. non dicitur Te Deum. – Ad LAUDES or. dom. I post Pent. (Deus, in te sperantium). – Ad Primam cap. Regi.

V. D. MISSA dominicae I post Pent. Domine, in tua misericordia, sine Gloria, sine Credo, praef. comm., Ite, missa est.

VESPERAE de feria, or. dom. I post Pent.

In Choro Missa convent. dici debet pro defunctis (niger), cotidiana, cum or. Deus, veniae largitor, sequentia ad libitum.

3. Vir. Feria IV post Dom. I post Pent., De ea, IV cl. – Off. Feriale per annum. – Ad MAT. non dicitur Te Deum. – Ad LAUDES or. dom. I post Pent. (Deus, in te sperantium). – Ad Primam cap. Regi.

V. D. MISSA dominicae I post Pent. Domine, in tua misericordia, sine Gloria, sine Credo, praef. comm., Ite, missa est.

I VESPERAE de seq., Off. festivum pr. – Compl. de dom. – Alb.

In Martyr. 1° loco: Festum Ss.mi Corporis Christi.

A I Vesperis et cras additur Alleluia ad V Panem de caelo ante benedictionem cum Ss.mo Sacramento necnon ad ant. O sacrum convivium et V Panem etc. in administratione Ss.mae Eucharistiae extra Missam.

Cras (1a feria V mensis) prohibetur Missa votiva D. N. I. C. summi et aeterni Sacerdotis.

Item cras prohibentur omnes Missae defunctorum, etiam exsequialis.

De S. Francisco Caracciolo C. nihil fit.

4. Alb. Feria V. Ì SS.MI CORPORIS CHRISTI, I cl. – Off. festivum pr. – Ad Primam in R br. V Qui sedes ad dexteram Patris.

O.C. MISSA pr., Gloria, sequentia, Credo, praefat. comm. – In Missa quam sequitur processio dicitur Benedicamus Domino, omittitur benedictio et ult. Evangelium (RM, nn. 507 a, 508, 510 a).

II VESPERAE pr. – Compl. de dom.

Responsoria (a die 5 ad diem 11 iunii) post lectiones de Scriptura, dominica et feriis, dicuntur de tempore post Pentecosten, ut in Breviario novis rubricis non accommodato habentur dominica IV post Pentecosten et feriis subsequentibus (Variationes, n. 33).

Peculiaria pietatis exercitia, quae cum populi concursu, diebus olim infra octavam Ss.mi Corporis Christi, ex traditione, celebrari consueverunt, continuari possunt.

Ubi autem fit processio, his diebus, permittuntur duae Missae de Ss. Eucharistia, ad modum Missae votivae II classis (Variationes, n. 34).

Cras ubi peculiaria pietatis exercitia in honorem Sacratissimi Cordis Iesu peraguntur, dici possunt duae Missae votivae eiusdem SS.MI CORDIS Cogitationes (alb.), Gloria, comm. S. Bonifatii, sine Credo, praef. pr.

5. Rub. Feria VI. S. Bonifatii E. M., III cl. – Off. ordinarium. – L. 1 et 2 (= 2 et 3) de Scr. occ., 3 de festo, Te Deum.

MISSA pr., Gloria, sine Credo, praef. comm.

VESPERAE de festo.

Cras ubi peculiaria pietatis exercitia in honorem Immaculati Cordis B. Mariae Virg. peraguntur, permittitur unica Missa votiva de eodem IMMACULATO CORDE: Missa pr. (ut in die 22 aug. – alb.), Gloria, comm. S. Norberti, sine Credo, praef. B. M. V. Et te in veneratione.

6. Alb. Sabb. S. Norberti E. C., III cl. – Off. ordinarium. – L. 1 et 2 (= 2 et 3) de Scr. occ., 3 de festo, Te Deum.

MISSA Statuit, Gloria, or. pr., sine Credo, praef. comm.

I VESPERAE de seq. dom., ut in Psalt. de sabb., ad Magn. ant. Puer Samuel, or. pr., sine comm. – Vir.

7. Vir. Ì DOM. II POST PENT., De ea, II cl. – Off. dominicale per annum. – Ad MAT. 9 antt. et 9 pss. de dom., abs. Exaudi, bened. Ille nos, Divinum auxilium, Per evangelica dicta. – L. 1 et 2 (= 2 et 3) de Scr. occ., 3 (= L. 7) de homilia, Te Deum.

O.C. MISSA pr., Gloria, Credo, praef. Trinit.

Ad II VESPERAS ant. ad Magn. pr.

Hodie prohibentur Missae defunctorum excepta exsequiali.

8. Vir. Feria II post Dom. II post Pent., De ea, IV cl. – Off. feriale per annum. – Ad MAT. non dicitur Te Deum. – Ad LAUDES or. dom. praec. – Ad Primam cap. Regi.

V. D. MISSA dom. praec., sine Gloria, sine Credo, praef. comm., Ite, missa est.

VESPERAE de feria, or. dom. praec.

In Choro Missa convent. dici debet pro defunctis (niger), cotidiana, cum or. Deus, veniae largitor, sequentia ad libitum.

9. Vir. Feria III post Dom. II post Pent., De ea, IV cl. – Off. feriale per annum. – Ad MAT. non dicitur Te Deum. – Ad LAUDES or. dom. praec. – Ad Primam cap. Regi.

V. D. MISSA dom. praec., sine Gloria, sine Credo, praef. comm., Ite, missa est.

VESPERAE de feria, or. dom. praec.

10. Alb. Feria IV. S. Margaritae Reg. Vid., III cl. – Off. ordinarium. – L. 1 et 2 (= 2 et 3) de Scr. occ., 3 de festo, Te Deum.

MISSA Cognovi, Gloria, or. pr., sine Credo, praef. comm.

VESPERAE de festo.

11. Rub. Feria V. S. Barnabae * Ap., III cl. – Off. ordinarium. – L. 1 et 2 (= 2 et 3) pr. De Act. App. (olim ut in 1 N.) cum RR pr., 3 de festo, Te Deum.

MISSA pr., Gloria, Credo, praef. App.

I VESPERAE de seq., Off. festivum pr., nulla comm. – Compl. de dom. – Alb.

In Martyr. 1° loco: Festum Sacratissimi Cordis Iesu.

Cras in qualibet ecclesia aut oratorio etiam semipublico, coram Ss. Sacramento exposito, legatur formula reparationis et cantentur vel recitentur Litaniae Sacratissimi Cordis Iesu (cfr. Enchiridion Indulgentiarum. Preces et pia opera, 1952, n. 256, p. 163).

De S. Ioanne a S. Facundo C. et de Ss. Basilide et Soc. Mm. nihil fit.

12. Alb. Feria VI. † SS.MI CORDIS IESU, I cl. – Off. Festivum pr. – Ad Primam in R br. V Qui Corde fundis gratiam.

O.C. MISSA pr. Cogitationes, Gloria, Credo, praef. pr.

II VESPERAE pr. – Compl. de dom.

Hodie prohibentur omnes Missae defunctorum, etiam exsequialis.

Responsoria (a die 13 ad diem 19 iunii) post lectiones de Scriptura, dominica et feriis, dicuntur de tempore post Pentecosten, ut in Breviario novis rubricis non accommodato habentur dominica IV post Pentecosten et feriis subsequentibus (Variationes, n. 33).

13. Alb. Sabb. S. Antonii de Padua C. D., III cl. – Off. ordinarium. – L. 1 et 2 (= 2 et 3) de Scr. occ., 3 de festo, Te Deum.

MISSA In medio, Gloria, ors. pr., sine Credo, praef. comm.

I VESPERAE de seq. dom., ut in Psalt. de sabb., ad Magn. ant. Cognoverunt omnes, or. pr., sine comm. – Vir.

De S. Basilio Magno E. C. D. nihil fit.

14. Vir. Ì DOM. III POST PENT., De ea, II cl. – Off. dominicale per annum. – Ad MAT. 9 antt. et 9 pss. de dom., abs. Exaudi, bened. Ille nos, Divinum auxilium, Per evangelica dicta. – L. 1 et 2 (= 2 et 3) de Scr. occ., 3 (= L. 7) de homilia, Te Deum.

O.C. MISSA pr., Gloria, Credo, praef. Trinit.

Ad II VESPERAS ant. ad Magn. pr.

Hodie prohibentur Missae defunctorum excepta exsequiali.

15. Vir. Feria II post Dom. III post Pent., De ea, IV cl. – Off. feriale per annum. – Ad MAT. non dicitur Te Deum. – Ad LAUDES or. dom. praec., comm. Ss. Viti, Modesti atque Crescentiae Mm. – Ad Primam cap. Regi.

V. D. MISSA dom. praec., sine Gloria, comm. Ss. Viti et Soc., sine Credo, praef. comm., Ite, missa est. – Vel Missa pr. Ss. Viti et Soc. (rub.), Gloria, sine Credo, praef. comm.

VESPERAE de feria, or. dom. praec, sine comm.

In Choro Missa convent. dici debet pro defunctis (niger), cotidiana, cum or. Deus, veniae largitor, sequentia ad libitum.

16. Vir. Feria III post Dom. III post Pent., De ea, IV cl. – Off. feriale per annum. – Ad MAT. non dicitur Te Deum. – Ad LAUDES or. dom. praec. – Ad Primam cap. Regi.

V. D. MISSA dom. praec., sine Gloria, sine Credo, praef. comm., Ite, missa est.

VESPERAE de feria, or. dom. praec.

17. Alb. Feria IV. S. Gregorii Barbadici E. C., III cl. – Off. ordinarium. – L. 1 et 2 (= 2 et 3) de Scr. occ., 3 de festo, Te Deum.

MISSA Statuit, Gloria, or. pr., sine Credo, praef. comm.

VESPERAE de festo.

18. Alb. Feria V. S. Ephraem Syri Diac., C. D., III cl. – Off. ordinarium. – L. 1 et 2 (= 2 et 3) de Scr. occ., 3 de festo, Te Deum. – Ad LAUDES comm. Ss. Marci et Marcelliani Mm.

MISSA In medio, Gloria, or. pr., comm. Ss. Marci et Marcelliani, sine Credo, praef. comm.

Ad VESPERAS ad Magn. ant. O Doctor, sine comm.

19. Alb. Feria VI. S. Iulianae de Falconeriis Virg., III cl. – Off. ordinarium. – Ad MAT. hymnus pr., L. 1 et 2 (= 2 et 3) de Scr. occ., 3 de festo, Te Deum. – Ad LAUDES comm. Ss. Gervasii et Protasii Mm.

MISSA Dilexisti, Gloria, or. pr., comm. Ss. Mm., sine Credo, praef. comm.

Ad VESPERAS hymnus pr., sine comm.

20. Alb. Sabb. De S. Maria in Sabbato, IV cl. – Off. in Psalt. et in Pr. – L. 1 et 2 (= 2 et 3) de Scr. occ., 3 pr. Vehementer, Te Deum. – Ad LAUDES ad Bened. ant. Beata Dei Genetrix, or. Concede, comm. S. Silverii Pp. M. – Ad Primam in R br. V Qui natus.

V. MISSA Salve V (a Pent. usque ad Advent.), Gloria, comm. S. Silverii, sine Credo, praef. B. M. V. Et te in veneratione. – Vel Missa S. Silverii (rub.) Si diligis, Gloria, comm. S. Mariae
in sabb., sine Credo, praef. comm.

I VESPERAE de seq. dom., ut in Psalt. de sabb., ad Magn. ant. Praevaluit David, or. pr., sine comm. – Vir.

De S. Aloisio Gonzaga C. nihil fit.

21. Vir. Ì DOM. IV POST PENT., De ea, II cl. – Off. dominicale per annum. – Ad MAT. 9 antt. et 9 pss. de dom., abs. Exaudi, bened. Ille nos, Divinum auxilium, Per evangelica dicta. – L. 1 et 2 (= 2 et 3) de Scr. occ., 3 (= L. 7) de homilia, Te Deum.

O.C. MISSA pr., Gloria, Credo, praef. Trinit.

Ad II VESPERAS ant. ad Magn. pr.

Hodie prohibentur Missae defunctorum excepta exsequiali.

22. Alb. Feria II. S. Paulini E. C., III cl. – Off. ordinarium. – L. 1 et 2 (= 2 et 3) de Scr. occ., 3 de festo, Te Deum.

MISSA pr., Gloria, sine Credo, praef. comm.

VESPERAE de festo.

23. Viol. Feria III. VIGILIA S. IOANNIS * BAPTISTAE, De ea, II cl. – Off. feriale per annum. – Ad MAT. Ll. pr. de homilia cum RR feriae III curr., sine Te Deum. – Ad LAUDES pss. 2° loco, or. pr. – Ad Primam cap. Regi.

O.C. MISSA pr., sine Gloria, sine Credo, praef. comm., Ite, missa est.

I VESPERAE de seq., Off. festivum pr. – Compl. de dom. – Alb.

Hodie permittuntur tantum Missae votivae et defunctorum I et II classis.

24. Alb. Feria IV. † IN NATIVITATE S. IOANNIS * BAPTISTAE, I cl. – Off. festivum pr.

O.C. MISSA pr., Gloria, Credo, praef. comm.

II VESPERAE pr. – Compl. de dom.

Hodie prohibentur Missae defunctorum excepta exsequiali.

25. Alb. Feria V. S. Gulielmi Abb., III cl. – Off. ordinarium. – L. 1 et 2 (= 2 et 3) de Scr. occ., 3 de festo, Te Deum.

MISSA Os iusti de Comm. Abb., Gloria, or. pr., sine Credo, praef. comm.

VESPERAE de festo.

26. Rub. Feria VI. S. Ioannis * et Pauli * Mm., III cl. – Off. ordinarium. – L. 1 et 2 (= 2 et 3) de Scr. occ., cum RR pr. Isti sunt et Vidi coniunctos, 3 de festo, Te Deum. – Ad LAUDES antt. pr., pss. de dom. – Ad HORAS ant. et pss. de feria.

MISSA pr., Gloria, sine Credo, praef. comm.

Ad VESPERAS antt. pr., pss. de Comm. – Compl. de feria.

27. Alb. Sabb. De S. Maria in Sabbato, IV cl. – Off. in Psalt. et in Pr. – L. 1 et 2 (= 2 et 3) de Scr. occ., 3 pr. Vehementer, Te Deum. – Ad LAUDES ad Bened. ant. Beata Dei Genetrix,
or. Concede. – Ad Primam in R br. V Qui natus.

V. MISSA Salve V (a Pent. usque ad Advent.), Gloria, praef. B. M. V. Et te in veneratione.

I VESPERAE de seq. dom., ut in Psalt. de sabb., ad Magn. ant. Montes Gelboë, or. pr., sine comm. – Vir.

De vigilia Ss. Petri et Pauli App. nihil fit (RG, n. 33).

28. Vir. Ì DOM. V POST PENT., De ea, II cl. – Off. dominicale per annum. – Ad MAT. 9 antt. et 9 pss. de dom., abs. Exaudi, bened. Ille nos, Divinum auxilium, Per evangelica dicta. – L. 1 et 2 (= 2 et 3) de Scr. occ., 3 (= L. 7) de homilia, Te Deum.

O.C. MISSA pr., Gloria, Credo, praef. Trinit.

I VESPERAE de seq., Off. festivum pr., comm. dom. (ant. et or. pr.) – Compl. de dom. – Rub.

Hodie prohibentur Missae defunctorum excepta exsequiali.

29. Rub. Feria II. Ì SS. PETRI * ET PAULI * APOSTOLORUM, I cl. – Officium festivum ut in Pr. et in Comm. App.
O.C. MISSA pr., Gloria, Credo, praef. App.

II VESPERAE pr. – Compl. de dom.

Hodie prohibentur omnes Missae defunctorum, etiam exsequialis; et Missae in oratoriis privatis.

30. Rub. Feria III. In Commemoratione S. Pauli * Ap., III cl. – Off. ordinarium. – Ad MAT. 9 antt. 9 pss. pr. – Ll. 1 et 2 pr. de Actibus Apostolorum, 3 de festo, Te Deum. – Ad LAUDES antt. pr., pss. de dom., comm. S. Petri Ap. (sub unica concl., sine ant. et V). – Ad HORAS ant. et pss. de feria.

MISSA pr., Gloria, comm. (sub unica concl.) S. Petri *, sine Credo, praef. App.

I VESPERAE de seq., Off. festivum pr., nulla comm. – Compl. de dom. – Rub.