domingo, 24 de enero de 2016

TIEMPO DE SEPTUAGÉSIMA







CAPÍTULO I

HISTORIA DEL TIEMPO DE SEPTUAGÉSIMA


Su Importancia 

El tiempo de Septuagésima abarca las tres semanas que preceden inmediatamente a la Cuaresma. Constituye una de las principales divisiones del Año Litúrgico, y se desarrolla en tres secciones semanales, de las que la primera se llama propiamente Septuagésima, la segunda Sexagésima y la tercera Quincuagésima.

Es evidente que estos nombres expresan mera relación numérica con la palabra Cuadragésima de la que se deriva la palabra española Cuaresma. Ahora bien, la palabra Cuadragésima señala la serie de cuarenta días que hay que recorrer para llegar a la solemnidad de la Pascua. Las "palabras Quincuagésima, Sexagésima y Septuagésima nos anuncian la misma solemnidad en una lejanía más acentuada; mas no por eso la Pascua deja de ser el gran asunto que empieza a considerar la Santa Madre Iglesia y que ésta propone a sus hijos como fin a que desde luego han de enderezar todos sus deseos y esfuerzos.

Exige, pues, la Pascua como preparación cuarenta días de recogimiento y penitencia; este tiempo es la palanca más potente de que echa mano la Iglesia para remover en el corazón y en el espíritu de los fieles el vivo sentimiento de su vocación. Asunto de capital importancia para ellos es no dejar que este período de gracias transcurra sin provecho en el mejoramiento, en la renovación de toda su vida. Era, por tanto, conveniente disponerlos a este tiempo de salud, ya de suyo una preparación, a fin de que, amortiguándose poco a poco en sus corazones las algazaras mundanales, escuchasen con atención el grave aviso que la misma Iglesia les dará al imponerles la ceniza en la cabeza.


Origen

La historia de la Septuagésima se halla íntimamente ligada con la de Cuaresma. En efecto, en pleno siglo v, la Cuaresma comenzaba el domingo VI antes de Pascua (actual domingo I de Cuaresma), y comprendía los cuarenta días finalizados el Jueves Santo, considerado en la antigüedad cristiana como el primer día del Misterio Pascual. No se ayunaba el domingo; y, por consiguiente, no había, hablando con exactitud, más que 34 días de ayuno efectivo (.36 con el Viernes y Sábado Santo). El deseo de imitar el ayuno del Señor, indujo a algunas almas más fervorosas a comenzarle algunos días antes.


Quincuagésima

Vemos aparecer por primera vez esta observancia completa en el siglo V. San Máximo de Turín, en su Sermón 26 predicado hacia el año 451, la reprueba y advierte que la Cuaresma empieza el domingo de Cuadragésima; pero en el Sermón 36 del año 465 la autoriza, considerándola muy generalizada entre los fieles.

En el siglo VI escribe San Cesáreo de Arlés, en su Regla a las Vírgenes, que se ha de empezar el ayuno una semana antes de la. Cuaresma. Desde entonces, pues, existe la Quincuagésima, al menos en los monasterios. El primer concilio de Orleans, celebrado el año 511, ordena que antes de Pascua observen los fieles la Cuadragésima y no la Quincuagésima, a fin de "mantener, dice el canon 26, la unidad de los usos". Los concilios de Orange, de 511 y 541 respectivamente, censuran el mismo abuso y prohiben ayunar antes de Cuadragésima. Hacia el año 520 señala el autor del Líber Pontificalis la costumbre de anticipar una semana la Cuaresma; mas parece que esta costumbre estaba aún poco extendida.


Sexagésima

Pronto se amplió el período consagrado al ayuno, y una nueva semana vino a sumarse a la Quincuagésima. Hallamos menclonada por primera vez la Sexagésima en la Regla de San Cesáreo para Monjes, antes de 542. El IV concilio de Orleans, en 541, la menciona en son de defensa del ayuno anticipado.


Septuagésima

Viene finalmente en Roma la Septuagésima al terminar el siglo vi o al empezar el VII. La menciona San Gregorio Magno (594-604) en sus homilías. Poco a poco se extendieron los usos litúrgicos a la Italia septentrional con Milán a la cabeza, y después, merced a la acción de los carolingios, a toda Europa occidental. Inglaterra los aceptó al fin del siglo vn e Irlanda después del siglo ix. Aunque se observaba el ayuno en Quincuagésima y Sexagésima, parece ser que Septuagésima consistía en sus comienzos en la mera celebración litúrgica, sin ayuno, hasta que le impusieron en el siglo IX los concilios francos.


Supresión del Aleluya

Vemos por Amalarlo que a principios del siglo ix se suspendía el Alleluia y el Gloria in excelsis Deo en Septuagésima. Se avinieron los monjes a esta costumbre aunque San Benito disponía lo contrario. Algunos son de parecer que San Gregorio VII (1073-1085) suprimió el oficio aleluyático, en uso hasta entonces en el domingo de Septuagésima. Se trata de las antífonas aleluyáticas de Laudes. San Gregorio VII, al parecer, las reemplazó por las del oficio de Sexagésima y dotó a este último de nuevas antífonas. Da testimonio del hecho el Ordo Ecclesiae Lateranensis del siglo xn. Gregorio VII fué, quizás, quien anticipó la supresión del aleluya al sábado anterior a Septuagésima (1).

Así llegó a fijarse definitivamente, tras varios tanteos, este tiempo del Año Litúrgico. Depen-
diente de la fecha de Pascua, está sujeto, por tanto, al avance o retroceso consiguiente a la
movilidad de dicha fiesta. Se suelen llamar el 18 de enero y el 22 de febrero Llaves de Septuagésima porque el domingo de este nombre no puede caer ni antes de la primera fecha ni después de la segunda.


CAPÍTULO II

MÍSTICA DEL TIEMPO DE SEPTUAGÉSIMA


El Tiempo que empezamos, encierra profundos misterios que no son exclusivos de las tres semanas que debemos recorrer hasta llegar a la santa Cuaresma, sino que se extienden al período entero que nos separa de la gran solemnidad pascual.


Dos Épocas

El número septenario es el fundamento de estos misterios. "Hay dos tiempos, dice San Agustín en su Explicación del salmo CXLVIII: el uno se desarrolla ahora entre las tentaciones y tribulaciones de esta vida; el otro transcurrirá en seguridad y alegría eternas. Celebramos ambos; el primero antes de Pascua, el segundo después de Pascua. El tiempo antes de Pascua expresa los apuros de la vida presente, el tiempo después de Pascua significa la bienaventuranza que gozaremos un día. Esta es la razón de por qué pasamos el primer período de que hablamos en ayuno y oración, mientras el segundo está consagrado a cánticos de alegría y entre tanto se suspenden los ayunos.


Dos Lugares

La Iglesia, intérprete autorizada de las Sagradas Escrituras, nos muestra, en conexión directa con los dos tiempos de San Agustín, a las dos ciudades de Babilonia y Jerusalén. La primera es símbolo de este mundo pecador; el cristiano ha de vivir aquí el tiempo de prueba. La segunda es la patria celestial, donde descansará de sus luchas. El pueblo de Israel, cuya historia toda no es más que una figura grandiosa del género humano, se vió realmente desterrado de Jerusalén y cautivo en Babilonia.

La cautividad de Babilonia duró 70 años. Para expresar este misterio ha fijado la Iglesia, según Alcuino, Amalario, Ivo de Chartres y en general todos los liturgistas de la edad media, el número septuagenario para los días de expiación, tomando, conforme al uso de las Sagradas Escrituras, el número empezado por el completo y acabado.


Las Siete Edades del Mundo

La duración misma del mundo, conforme a las antiguas tradiciones cristianas, se divide en siete períodos. El género humano ha de recorrer siete etapas antes de que surja el día de la vida eterna. La primera se extendió desde la creación de Adán hasta Noé; la segunda desde Noé y el diluvio hasta la vocación de Abrahán; la tercera comienza con este primer esbozo del pueblo de Dios y va hasta Moisés, por cuya mano dió el Señor la ley; la cuarta abarca desde Moisés a David, por quien empieza a reinar la casa de Judá; la quinta comprende la serie de siglos desde el reino de David hasta el cautiverio del pueblo judio en Babilonia; la sexta se extiende desde la vuelta del cautiverio hasta el nacimiento de Jesucristo. Llega finalmente la edad séptima; se abre con la aparición del Sol de justicia y ha de perdurar hasta el advenimiento del Juez de vivos y muertos. Estas son las grandes divisiones de los tiempos, tras las cuales no habrá más que eternidad.


El Septenario de la Alegría

Para alentar nuestros corazones en medio de los combates que jalonan el sendero de la vida, la Iglesia nos muestra otro septenario que debe seguir al que vamos a recorrer. Después de una Septuagésima de tristeza llegará Pascua con sus siete semanas de alegría a traernos un anticipo de los consuelos y delicias del cielo. Después de haber ayunado con Cristo y de haberle compadecido en su pasión, resucitaremos con él y nuestros corazones le seguirán hasta el cielo empíreo.

Poco después sentiremos descender hasta nosotros al Espíritu Santo con sus siete dones. Así la celebración de tales y tantas maravillas reclamará de nuestra parte nada menos que siete semanas completas, desde Pascua a Pentecostés.


Tiempo de Tristeza

Después de haber lanzado una mirada de esperanza a este futuro consolador, es menester volver a las realidades presentes. ¿Qué papel representamos en este mundo? El de desterrados, cautivos, al alcance de todos los peligros que Babilonia entraña. Si amamos la patria, si tenemos empeño en volverla a ver, debemos repudiar los falsos atractivos de esta pérfida extranjera y arrojar lejos de nuestros labios la copa que embriaga a muchísimos de nuestros compañeros de cautiverio. 

Nos convida seductora a juegos y placeres, pero debemos colgar nuestras arpas en los sauces de sus ríos, hasta que nos sea franqueada la entrada en Jerusalén. Pretende decidirnos a entonar al menos los cánticos de Sión en su recinto, como si nuestro corazón pudiese encontrar satisfacción lejos de la patria, cuando un destierro eterno sería la expiación de nuestra infidelidad; mas "¿cómo podríamos cantar los cánticos del Señor en tierra extranjera?"(2).


Ritos de Penitencia

Estos sentimientos quiere infundirnos la Santa Madre Iglesia durante estos días; llama nuestra atención sobre los peligros que nos rodean dentro de nosotros mismos y en las criaturas que nos circundan. 

En el trascurso del año nos espolea a repetir el canto del cielo, el alegre alleluia, y henos aquí que hoy sü mano sella nuestros labios y nos reprime el grito de alegría que no ha de resonar en Babilonia: "Estamos en camino, lejos del Señor"(3); reservemos nuestros cánticos de alegría hasta llegar a El. Somos pecadores y con excesiva frecuencia cómplices de los infieles; purifiquémonos por el arrepentimiento, porque está escrito: "las alabanzas del Señor pierden su hermosura en labios del pecador" (4). La nota más característica del tiempo en que entramos es la supresión del Alleluia; no volverá a oírse en la tierra hasta que, habiendo muerto con Cristo, resucitemos con él para una vida nueva (5).

También se nos quita el cántico de los ángeles, el Gloría in excelsis Deo, que hemos canta-
do todos los domingos desde la Navidad del Redentor; sólo podremos cantarlo los días entre semana en que se celebre la fiesta de algún Santo. El Oficio de la noche del domingo perderá igualmente, hasta Pascua, el Himno Ambrosiano, Te Deum laudamus. Al fin del Sacrificio el diácono no despedirá ya a la asamblea con estas palabras: Ite, Missa est; se limitará a invitar al pueblo cristiano a continuar su oración en silencio, bendiciendo al Dios de la misericordia, que nos sufre a pesar de nuestras iniquidades.

Después del Gradual de la Misa, en lugar del triple Alleluia que preparaba nuestros corazones a abrirse para escuchar la voz del mismo Señor con la lectura del Evangelio, oiremos la expresiva melodía del Tracto. Expresará sentimientos de arrepentimiento, de súplica angustiosa, de humilde confianza, sentimientos que debemos asimilarnos nosotros en estos días.


Otros Ritos Litúgicos

Para que también nuestros ojos se den cuenta de que la etapa en que penetramos, es un tiempo de duelo, el color ordinario de los ornamentos será el morado, siempre que no se celebre una fiesta de Santo. Mas hasta el Miércoles de ceniza, el diácono y subdiácono continuarán usando dalmática y túnica; pero a partir de este día se despojarán de esos vestidos de alegría, esperando que la austera Cuaresma inspire a la Santa Iglesia la exteriorización, más y más acentuada cada día, de sus tristezas por la supresión de todo lo que podría recordar aún en parte el esplendor con que solía rodear los altares en otras épocas.


CAPÍTULO III

PRÁCTICA DEL TIEMPO DE SEPTUAGÉSIMA

Se han esfumado lejos de nosotros las alegrías navideñas. Apenas hemos podido disfrutar cuarenta días el gozo que nos trajo el nacimiento del Emmanuel. Ya se oscurece el cielo de la Iglesia y pronto aparecerá cubierto de celajes todavía más sombríos. ¿Se ha perdido, por ventura, para siempre el Mesías aguardado en la esperanza durante las semanas de Adviento? ¿ha desviado, acaso, el Sol de justicia su trayectoria lejos de la tierra culpable?


Comunión en la Pasión de Cristo

Soseguémonos. El Hijo de Dios, el Hijo de María, no nos desampara. Si el Verbo se hizo carne, fué para habitar entre nosotros. Una gloria mayor que la del nacimiento entre los conciertos angélicos, le está reservada, y debemos participar con Cristo de ella. Pero ha de conquistarla con muchos padecimientos y no la logrará sin la más cruel y afrentosa muerte; si queremos participar del triunfo de su Resurrección, hemos de seguirle en la vía dolorosa, regada con sus lágrimas y teñida con su sangre.

Pronto hará oír su voz la Iglesia invitándonos a la penitencia cuaresmal; pero antes quiere que, en la rápida carrera de tres semanas de preparación a ese bautismo trabajoso, nos detengamos a sondear las profundas heridas infligidas a nuestras almas por el pecado. No hay, sin duda, cosa alguna que pueda parangonarse con la lindeza y dulzura del Niño de Belén; pero sus lecciones de humildad y sencillez, no bastan ya a las necesidades de nuestras almas. Ya se levanta el altar en que será inmolada esta víctima de la más tremenda justicia. Por nosotros es por quien ha de expiar; urge el tiempo de exigirnos cuentas a nosotros mismos de las obligaciones contraídas con Aquel que se apresta a sacrificar al inocente por los culpables.


Obra de Purificación

El misterio de un Dios que se digna hacerse carne por los hombres nos franqueó la pista de la vía iluminativa.  Pero todavía nuestros ojos están invitados a contemplar una luz más viva. No se altere, pues, nuestro corazón; las esplendideces de Navidad serán sobrepujadas el día de la victoria del Emmanuel. Mas deben purificarse nuestros ojos si quieren contemplarlas, escudriñando sin remilgos los abismos de nuestras miserias. No nos escatimará Dios su luz para llevar al cabo esta obra de justicia; y si llegamos a conocernos a nosotros mismos, a conocer cabalmente cuán profunda es la caída original, a justipreciar la malicia de nuestras faltas personales, a comprender, en cierto grado al menos, la misericordia inmensa del Señor para con nosotros, estaremos entonces preparados a las expiaciones saludables que nos aguardan y a los goces inefables que han de seguirlas.

El tiempo en que entramos, está, pues, consagrado a los más serios pensamientos, y no acertaremos a expresar más adecuadamente los sentimientos que la Iglesia espera del cristiano en esta parte del año, que traduciendo aquí algunos pasos de la exhortación elocuente que en el siglo XI dirigía el gran Ivo de Chartrés a su pueblo al empezar la Septuagésima: "Ha dicho el Apóstol: Toda criatura gime y está de parto hasta ahora. También nosotros, que tenemos "las primicias del espíritu, gemimos esperando la adopción de hijos de Dios y la redención de nuestro cuerpo (6). Esta criatura gemebunda es el alma secuestrada de la corrupción "del pecado; deplora verse aún sujeta a tantas vanidades, padece dolores de parto mientras está alejada de la patria. Es el lamento del salmista: ¡Ayl, ¿por qué se prolonga mi destierro? (7). El mismo Apóstol, que había recibido el Espíritu Santo, siendo uno de los primeros "miembros de la Iglesia, en sus ansias de recibir efectivamente la adopción de hijos que en esperanza ya poseía, exclamaba: Quisiera morir y estar con Jesucristo (8). Debemos, por tanto, más que en otros tiempos, dedicarnos a gemir y llorar, para merecer, por la amargura y lamentos de nuestro corazón, volver a la patria de donde nos desterraron los goces que acarrean la muerte. Lloremos, pues, durante el viaje para regocijarnos en el término; corramos el estadio de la presente vida de modo que alcancemos al fin el galardón del llamamiento celestial. No seamos de esos insensatos viandantes que se olvidan de su patria, se aficionan a la tierra del destierro y se quedan en el camino. No seamos de esos enfermos insensibles que no aciertan a buscar el remedio de sus dolencias. No hay esperanza de vida para aquel que desconoce su mal. Vayamos presurosos al médico de la salvación eterna. Descubrámosle nuestras heridas. Llegue hasta Él este nuestro grito desgarrador: Tened piedad de mí, Señor, que estoy enfermo; curadme, Señor, pues todos mis huesos están"conmovidos (9), Entonces sí que nuestro médico nos perdonará nuestros desmanes, curará nuestras flaquezas y satisfará nuestros buenos deseos."


Vigilancia

Es evidente que el cristiano en este tiempo de Septuagésima, si de veras quiere adentrarse en el espíritu de la Iglesia, ha de dar un "alto aquí" a esa falsa seguridad, a ese contentamiento de sí mismo que arraigan sobrado frecuentemente en el fondo de las almas muelles y tibias que cosechan la mera esterilidad. ¡Felices todavía si tales disposiciones no acarrean insensiblemente la extinción del verdadero sentido cristiano! Quien se cree dispensado de esa continua vigilancia tan recomendada por el Salvador (10), está ya dominado por el enemigo; quien no siente la necesidad de combate alguno, de lucha alguna para sostenerse, para seguir el sendero del bien, debe temer no se halle en la vía de ese reino de Dios que no se conquista sino a viva fuerza (11); quien olvida los pecados perdonados por la misericordia de Dios, debe temblar de que sea juguete de peligrosa ilusión (12). Demos gloria a Dios en estos días que vamos a dedicar a la animosa contemplación de nuestras miserias, y, saquemos, del propio conocimiento de nosotros mismos, nuevos, motivos para esperar en Aquel a quien nuestras debilidades y pecados no estorbaron se abajara hasta nosotros, para sublimarnos hasta Sí.


Fuente: "El Año Litúrgico" Dom Próspero Gueranger


Notas

1. Mgr. Callewaert, Sacris erudiri, p. 650.
2. Ps. CXXXV1.
3. II Cor., V, 6.
4. Eccli., X V , 9.
5. Coloss II,
6. Rom., VIII, 22.
7. PH. CXIX
8. Philip., I, 23.
9. 2 PS. VI.
10. Marco., XIII, 37.
11. Matth., XI, 12.
12. Eccli., V. 5.

martes, 29 de diciembre de 2015

Ordo - Pars Generalis








Ordo 2016 - Januarius




IANUARIUS



1. Ì permitt. carnes Alb. Feria VI. OCTAVA NATIVITATIS DOMINI, I cl. – Off. festivum pr. – Ad Primam in R br. V Qui natus, L. brevis Ipsi peribunt (quae dicitur in omnibus Officiis usque ad diem 5 ianuarii).

O.C. MISSA pr., Gloria, Credo, praef. et Communic. Nativ.

II VESPERAE pr. – Compl. de dom.

Hodie prohibentur omnes Missae defunctorum, etiam exsequialis. Item hodie (1ª feria VI mensis) prohibetur Missa votiva Ss.mi Cordis Iesu.

Quilibet hymnus semper dicitur sub concl. quae ipsi in Breviario assignatur, exclusa quavis concl. mutatione ratione festi vel Temporis (RB, n. 188).

Cras, ubi peculiaria pietatis exercitia in honorem Immaculati Cordis B. Mariae Virg. peraguntur, permittitur unica Missa votiva de eodem IMMACULATO CORDE: Missa pr. (ut in die 22 aug. – alb.), Gloria, sine Credo, praef. B. M. V. Et te in veneratione.

2. Alb. Sabb. De S. Maria in sabbato, IV cl. – Off. in Psalt. et in Pr. – Ad Mat. V N. Exaltent Dominum (ut in Psalt.). – L. 1 et 2 (= 2 et 3) cum RR (ad 2 R add. Gloria) de Scr. occ.,           3 pr. De via, Te Deum. – Ad Laudes ad Bened. ant. Mirabile, or. Deus, qui salutis aeternae. – Ad Primam in R br. V Qui natus.

V. Missa Vultum II (a Nativ. ad Purific.), Gloria, praef. B. M. V. Et te in veneratione.

I Vesperae de seq. festo, antt. pr., pss. de dom. (ult. ps.115), nulla comm. – Compl. de dom. – Alb.

Quilibet sacerdos addere potest unam orationem ad libitum in omnibus Missis lectis non conventualibus, diebus liturgicis IV classis (RM 461). Oratio votiva eligi potest aut ex Missis quae tamquam votivae celebrari permittuntur aut ex orationibus ad diversa (RM 462). Haec oratio ponitur ultimo loco, post alias orationes, non autem excedere debet numerum ternarium orationum (RM 463). Oratio votiva pro defunctis addi potest tantum in Missis defunctorum non
conventualibus IV classis (RM 464).

Diebus 2-12 ianuarii prohibentur Missae defunctorum (etiam convent.) IV cl. seu «cotidianae».

In Martyr. 1° loco: Festum Ss.mi Nominis Iesu.



3. Ì Alb. Dom. (vacat). – SS.MI NOMINIS IESU, II cl. – Off. semifestivum. – Ad Mat. 3 Noct. – Ad Laudes antt. pr., pss. de dom. – Ad Horas ant. et pss. de dom.


O.C. Missa pr., Gloria, sequentia, Credo, praef. Nativ., sine Communic. pr.

Ad Vesperas antt. pr., pss. de dom. (ult. ps. 115). – Complet. de dom.

Hodie prohibentur Missae defunctorum excepta exsequiali.

Omnibus dominicis ante Missam conventualem fit aspersio aquae benedictae per celebrantem (non per alium): quae aspersio fieri potest etiam ante Missam paroecialem vel principalem.

4. Alb. Feria II, De ea, IV cl. – Off. feriale temp. Nativ. – Ad MAT. invit. et hymnus ut in Ordin. temp. Nativ. (vel ut in die 1ian.), V N. Tamquam sponsus, Ll. et RR (ad 2 R add. Gloria) de Scr. occ., Te Deum. – Ad LAUDES et ad HORAS a cap. fit ut in Ordin. temp. Nativ. – Ad Primam cap. Regi, in R br. V Qui natus.

V. MISSA ut in die 1 ian., Gloria, sine Credo, praef. Nativ., sine Communic. pr., Ite, missa est.

VESPERAE de feria, a cap. fit ut in Ordin. temp. Nativ. (vel ut in II Vesp. diei 1 ian.), nulla comm. – Compl. de feria.

5. Alb. Feria III, De ea, IV cl. – Off. feriale temp. Nativ. – Ad MAT. invit. et hymnus ut in Ordin. temp. Nativ. (vel ut in die 1ian.), V N. Tamquam sponsus, Ll. et RR (ad 2 R add. Gloria) de Scr. occ., Te Deum. – Ad LAUDES et ad HORAS a cap. fit ut in Ordin. temp. Nativ., comm. S. Telesphori Pp. M. – Ad Primam cap. Regi, in R br. V Qui natus.

V. MISSA ut in die 1 ian., Gloria, comm. S. Telesphori, sine Credo, praef. Nativ., sine Communic. pr., Ite, missa est.


TEMPUS EPIPHANIAE


I VESPERAE de seq., Off. festivum pr., nulla comm. – Compl. de dom. – Alb.

6. Ì Alb. Feria IV. IN EPIPHANIA DOMINI, I cl. – Off. festivum pr. – MAT. absolute incipitur per ant. Afferte; in 3 N. ant. et ps. Venite, omisso ps. 86, 1 R Hodie – Ad LAUDES et ad HORAS pss. de dom. – Ad Primam pss. 53, 1181, 1182 et in R br. V Qui apparuisti, L. brevis Omnes de Saba (quae dicitur in omnibus Officiis usque ad diem 13 ianuarii).

O.C. MISSA pr., Gloria, Credo, praef. et Communic. pr.

II VESPERAE pr. – Compl. de dom.

Hodie prohibentur omnes Missae defunctorum, etiam exsequialis; et Missae in oratoriis privatis.
 
In Missa solemni vel principali post Evangelium annuntiantur (a sacerdote vel diacono cotta et pluviali alb. induto, secus a diacono vel celebrante Missae) festa mobilia iuxta formulam Pontificalis Romani.
 
In Missa lecta et in Missa cantata sine ministris, ad verba Evangelii Et procidentes... celebrans genuflectit versus librum. – In Missa solemni, cum a diacono ea cantantur, omnes, etiam celebrans, genuflectunt versus crucem altaris, diaconus vero versus librum, stantibus interea subdiacono et acolythis, qui pariter non inclinant caput ad nomen Iesu. Ita semper in simili casu erit.

Hodie et in ceteris festis solemnioribus, ex S. R. C. decretis, deportatio cadaveris ad ecclesiam non licet, nisi ad horas postmeridianas post diei festi Vesperas et sacris functionibus non impeditas; abstinendo insuper ubicumque haec festa de praecepto celebrantur, et quidem a primis Vesperis festi usque ad totum insequentem diem, ab emortuali aeris campani sonitu (Decr. 3570, 3946, 4130 I), et preces in Rituali Romano praescriptae in casu recitandae sunt absque ullo cantu. Item non licet in dictis solemnitatibus dare signum cum aere campano de Officio vel Missa exsequiali in crastinum pro aliquo defuncto celebrandis. – Hi dies excepti sunt sequentes: durante expositione SS. Sacramenti in ostensorio, Triduum sacrum, dominicae Paschatis et Pentecostes, festivitates Nativitatis Domini, Epiphaniae, Ascensionis, Ss.mae Trinitatis, SS. Corporis Christi, S. Cordis Iesu, D. N. I. C. Regis, Immaculatae Conceptionis et Assumptionis B. M. V., S. Ioseph (19 mart.), Nativitatis S. Ioannis Bapt., Ss. Petri et Pauli App., Omnium Sanctorum, Dedicationis et Titularis propriae ecclesiae, Patroni principalis civitatis, dioecesis, regionis seu provinciae et nationis.

7. Alb. Feria V post Epiph., De ea, IV cl. – Off. feriale temp. Epiph. – Ad MAT. invit. et hymnus ut in Ordin. temp. Epiph. (vel ut in festo Epiph.), V N. Adorate, Ll. de Epist. ad Romanos (Veritatem) cum RR olim de oct. Epiph., Te Deum. – Ad LAUDES a cap. fit ut in Ordin. temp. Epiph., ad Bened. ant. Ab Oriente, or. Epiph. – Ad HORAS a cap. fit ut in Ordin. temp. Epiph., ad Primam cap. Regi et in R br. V Qui apparuisti.

V. MISSA ut in festo Epiph., Gloria, sine Credo, praef. Epiph., sine Communic. pr.

VESPERAE de feria, a cap. fit ut in Ordin. temp. Epiph. (vel ut in II Vesp. Epiph.), ad Magn. ant. Videntes, or. Epiph. – Compl. de feria.

8. Alb. Feria VI post Epiph., De ea, IV cl. – Off. feriale temp. Epiph. – Ad MAT. invit. et hymnus ut in Ordin. temp. Epiph. (vel ut in festo Epiph.), V N. Omnis terra, Ll. de Epist. ad Romanos (Obsecro) cum RR olim de oct. Epiph., Te Deum. – Ad LAUDES a cap. fit ut in Ordin. temp. Epiph., ad Bened. ant. Tria sunt, or. Epiph. – Ad HORAS a cap. fit ut in Ordin. temp. Epiph., ad Primam cap. Regi et in R br. V Qui apparuisti.

V. MISSA ut in festo Epiph., Gloria, sine Credo, praef. Epiph., sine Communic. pr.

VESPERAE de feria, a cap. fit ut in Ordin. temp. Epiph. (vel ut in II Vesp. Epiph.), ad Magn. ant. Lux de luce, or. Epiph. – Compl. de feria.

9. Alb. Sabb. De S. Maria in sabbato, IV cl. – Off. in Psalt. et in Pr. – Ad MAT. V N. Exaltent Dominum (ut in Psalt.), L. 1 et 2 (= 2 et 3) de Epist. ad Romanos (Infirmum) cum RR olim de oct. Epiph., 3 pr. De via, Te Deum. – Ad LAUDES ad Bened. ant. Mirabile, or. Deus, qui salutis aeternae. – Ad Primam in R br. V Qui natus.

V. MISSA Vultum II (a Nativ. ad Purific.), Gloria, sine Credo, praef. B. M. V. Et te in veneratione.

I VESPERAE de S. Familia, antt. pr., pss. de Comm. B. M. V., nulla comm. – Compl. de dom. – Alb.

In Martyr. 1° loco: Festum sanctae Familiae Iesu, Mariae, Ioseph, etc.

De dominica I post Epiphaniam nihil fit.

10. Ì Alb. Dominica I post Epiph. – SANCTAE FAMILIAE IESU, MARIAE, IOSEPH *, II cl. – Off. semifestivum. – Ad MAT. 3 Noct. – Ad LAUDES antt. pr., pss. de dom., nulla comm. – Ad Horas ant. et pss. de dom. – Ad Primam pss. 117, 1181, 1182 et in R br. V Qui Mariae.

O.C. MISSA pr., Gloria, Credo, praef. Epiph., sine Communic. pr.

Ad II VESPERAS antt. pr., pss. de Comm. B. M. V., nulla comm. – Compl. de dom.

Hodie prohibentur Missae defunctorum excepta exsequiali.

A feria II post dom. I post Epiph., ad Matutinum sumuntur lectiones de Epistola I ad Corinthios, quae in Breviario inveniuntur post diem 13 ian.

11. Alb. Feria II post Dom. I post Epiph., De ea, IV cl. – Off. feriale temp. Epiph. – Ad MAT. invitat. et hymnus ut in Ordin. temp. Epiph. (vel ut in festo Epiph.), V N. Omnis terra, Ll. de Epist. I ad Corinthios (Et ego) cum RR olim de oct. Epiph., Te Deum. – Ad LAUDES a cap. fit ut in Ordin. temp. Epiph., ad Bened. ant. Manifeste, or. dom. I post Epiph. (Vota, quaesumus, Domine), comm. S. Hygini Pp. M. (Gregem). – Ad HORAS a cap. fit ut in Ordin. temp. Epiph., or. dom., ad Primam cap. Regi et in R br. V Qui apparuisti.

V. MISSA dom. I post Epiph. In excelso, Gloria, comm. S. Hygini (Gregem), sine Credo, praef. Epiph., sine Communic. pr. – Vel Missa S. Hygini (rub.) Si diligis, sine Credo, praef. Epiphaniae., sine Communic. pr.

VESPERAE de feria, a cap. fit ut in Ordin. temp. Epiph. (vel ut in II Vesp. Epiph.), ad Magn. ant. Admoniti Magi, or. dom. I post Epiph., sine comm. – Compl. de feria.

12. Alb. Feria III post Dom. I post Epiph., De ea, IV cl. – Off. feriale temp. Epiph. – Ad MAT. invitat. et hymnus ut in Ordin. temp. Epiph. (vel ut in festo Epiph.), V N. Omnis terra, Ll. de Epist. I ad Corinthios (Omnino) cum RR olim de oct. Epiph., Te Deum. – Ad LAUDES a cap. fit ut in Ordin. temp. Epiph., ad Bened. ant. Manifeste, or. dom. I post Epiph. (Vota, quaesumus, Domine) – Ad HORAS a cap. fit ut in Ordin. temp. Epiph., or. dom., ad Primam cap. Regi et in R br. V Qui apparuisti.

V. MISSA dom. I post Epiph. In excelso, Gloria, sine Credo, praef. Epiph., sine Communic. pr.

VESPERAE de feria, a cap. fit ut in Ordin. temp. Epiph. (vel ut in II Vesp. Epiph.), ad Magn. ant. Tribus miraculis, or. dom. I post Epiph. – Compl. de feria.

13. Alb. Feria IV. IN COMMEMORATIONE BAPTISMATIS D. N. I. C., II classis. – Officium semifestivum ut in festo Epiphaniae et die 13 ian., sed MAT. inchoatur more solito, et in 3° N. dicitur ant. Homo et ps. 86, Ll. 1 N. de Epist. I ad Corinthios (Audet aliquis) cum RR olim oct. Epiph. (1 R Hodie), 2 et 3 N. ut die 13 ianuarii, Te Deum. – Ad LAUDES ut in festo Epiph., or. pr. – Ad Horas ant. et pss. de feria, rel. ut in festo Epiph., or. pr.

O.C. MISSA pr. ut in Missali die 13 ian., Gloria, Credo, praef. Epiph., sine Communic. pr.

VESPERAE ut in II Vesp. Epiph., or. pr. – Compl. de dom.

Hodie permittuntur tantum Missae votivae et defunctorum I et II classis.


TEMPUS PER ANNUM ANTE SEPTUAGESIMAM


14. Alb. Feria V. S. Hilarii E. C. D., III cl. – Off. ordinarium. – L. 1 et 2 (= 2 et 3) de Scr. occ., 3 de festo, Te Deum. – Ad LAUDES comm. S. Felicis Presb. M. – Ad Primam L. brevis Dominus autem (quae dicitur in omnibus Officiis usque ad sabb. post feriam IV Cinerum inclusive).

MISSA In medio, Gloria, comm. S. Felicis, sine Credo, praef. comm. et sic deinceps nisi aliter notetur.

Ad VESPERAS ad Magn. ant. O Doctor, sine comm.

15. Alb. Feria VI. S. Pauli primi Eremitae C., III cl. – Off. ordinarium. – L. 1 et 2 (= 2 et 3) de Scr. occ., 3 de festo, Te Deum. – Ad LAUDES comm. S. Mauri Abb.

MISSA pr., Gloria, comm. S. Mauri, sine Credo, praef. comm.

VESPERAE de festo, sine comm.

16. Rub. Sabb. S. Marcelli I Pp. M., III cl. – Off. ordinarium. – L. 1 et 2 (= 2 et 3) de Scr. occ., 3 de festo, Te Deum. – Ad LAUDES or. pr.

MISSA Si diligis, Gloria, or. pr., sine Credo, praef. comm.

VESPERAE de festo.

17. Ì Vir. DOM. II POST EPIPH., De ea, II cl. – Off. dominicale per annum. – Ad MAT. 9 antt. et 9 pss. de dom., abs. Exaudi, bened. Ille nos, Divinum auxilium, Per evangelica dicta. L. 1 et 2 (= 2 et 3) de Scr. occ., 3 (= L. 7) de homilia, Te Deum.

O.C. MISSA pr., Gloria, Credo, praef. Trinit.

Ad II VESPERAS ant. ad Magn. pr.

Hodie prohibentur Missae defunctorum excepta exsequiali.

18. Vir. Feria II post Dom. II post Epiph., De ea, IV cl. – Off. feriale per annum. – Ad MAT. non dicitur Te Deum. – Ad LAUDES or. dom. I post Epiph. (Vota), comm. S. Priscae Virg. M. – Ad Primam cap. Regi.

V. D. MISSA dom. praec., sine Gloria, comm. S. Priscae, sine Credo, praefat. commun., Ite, missa est. – Vel Missa S. Priscae (rub.) Me expectaverunt, Gloria, ors. pr., sine Credo, praef. comm.

VESPERAE de feria, or. dom. praec., sine comm.

In Choro Missa convent. dici debet pro defunctis (niger), quotidiana, cum or. Deus, veniae largitor, sequentia ad libitum.

19. Vir. Feria III post Dom. II post Epiph., De ea, IV cl. – Off. feriale per annum. – Ad MAT. non dicitur Te Deum. – Ad LAUDES or. dom. praec., comm. Ss. Marii, Marthae, Audifacis et Abachum Mm., deinde S. Canuti Regis M. – Ad Primam cap. Regi.

V. D. MISSA dom. praec., sine Gloria, 2 or. Ss. Marii et Soc., 3 S. Canuti, sine Credo, praef. comm., Ite, missa est. – Vel Missa pr. Ss. Marii et Soc. (rub.), Gloria, comm. S. Canuti, sine Credo, praef. comm. – Vel Missa S. Canuti (rub.) In virtute, Gloria, ors. pr., comm. Ss. Marii et Soc., sine Credo, praef. comm.

VESPERAE de feria, or. dom. praec., sine comm.

20. Rub. Feria IV. Ss. Fabiani Pp. et Sebastiani Mm., III cl. – Off. ordinarium. – L. 1 et 2 (= 2 et 3) de Scr. occ., 3 de festo, Te Deum.

MISSA pr., Gloria, sine Credo, praef. comm.

VESPERAE de festo.

21. Rub. Feria V. S. Agnetis * Virg. M., Off. ordinarium. – Ad MAT. 9 antt. et 9 pss. pr. – L. 1 et 2 (= 2 et 3) de Comm. 2° loco cum RR pr. Diem festum et Amo Christum, 3 de festo, Te Deum. – Ad LAUDES antt. pr., pss. de dom. – Ad Horas ant. et pss. de feria, rel. pr.

MISSA pr., Gloria, sine Credo, praef. comm.

Ad VESPERAS antt. pr., pss. de dom. (ult. ps. 147). – Compl. de feria.

22. Rub. Feria VI. Ss. Vincentii et Anastasii Mm., III cl. – Off. ordinarium. – L. 1 et 2 (= 2 et 3) de Scr. occ., 3 de festo, Te Deum.

MISSA Intret, Gloria, ors. pr., sine Credo, praef. comm.

VESPERAE de festo.

23. Alb. Sabb. S. Raymundi de Peñafort C., III cl. – Off. ordinarium. – L. 1 et 2 (= 2 et 3) de Scr. occ., 3 de festo, Te Deum. – Ad LAUDES comm. S. Emerentianae Virg. M.

MISSA Os iusti, Gloria, or. pr., comm. S. Emerentianae, sine Credo, praef. comm.

In Martyr. 1° loco: Dominica Septuagesimae, in qua deponitur canticum Domini «Alleluia».


TEMPUS SEPTUAGESIMAE


I VESPERAE de seq. dom., ut in Psalt. de sabb. et in Pr., sine comm. – In fine Vesperarum dicitur Benedicamus Domino cum duplici Alleluia. – Viol.

1. Tempore Septuagesimae et toto tempore quadragesimali:

a) Post Deus, in adiutorium, dicitur Laus tibi, Domine.

b) Omittitur Alleluia quoties invenitur post antiphonas aut alibi.

c) In Officiis de Tempore omittitur Te Deum.

d) In Missis de Tempore omittitur Gloria in excelsis.

e) In omnibus Missis post graduale omittitur Alleluia; tractus autem dicitur tantum in dominicis, festis et Missis votivis, nisi aliter notetur.

f) In Missa solemni de Tempore ministri sacri utuntur dalmatica et tunicella; planetae plicatae non amplius adhibentur (RG, n. 137).

2. Tempore Septuagesimae:

a) Permittitur sonus organi, non vero aliorum instrumentorum (S. R. C., Instructio de Musica sacra, 3 sept. 1958, nn. 82, 83).

b) Altaria ornari possunt floribus.

24. Ì Viol. DOM. IN SEPTUAGESIMA, De ea, II cl. – Off. dominicale per annum. – Ad MAT. 9 antt. et 9 pss. de dom., abs. Exaudi, bened. Ille nos, Divinum auxilium, Per evangelica dicta. – L. 1 et 2 (= 2 et 3) de Scr. occ., 3 (= L. 7) de homilia, sine Te Deum. – Ad LAUDES antt. pr., pss. de dom. (2° loco), rel. pr. – Ad Horas ant., cap. et rel. pr. – Ad Primam pss. 53, 1181, 1182.
O.C. MISSA pr., sine Gloria, Credo, praef. Trinit., Ite, missa est.

II VESPERAE ut in Psalt. et in Pr.

Hodie prohibentur Missae defunctorum excepta exsequiali

25. Alb. Feria II. In Conversione S. Pauli * Ap., III cl. – Off. ordinarium. – Ad MAT. 9 ant. et 9 pss. pr. – 3 Ll. pr. de Act. App. (= olim 1 N.) cum 1 et 2 RR pr. (ad 2 add. Gloria), Te Deum. – Ad LAUDES ant. pr., pss. de dom., comm. S. Petri Ap. (sub unica concl., sine ant. et V). – Ad HORAS ant. et pss. de feria.

MISSA pr., Gloria, comm. (sub unica concl.) S. Petri *, tractus, sine Credo, praef. App.

Ad VESPERAS ant. pr., pss. de Comm., comm. S. Petri (sub unica concl., sine ant. et V). – Compl. de feria.

26. Rub. Feria III. S. Polycarpi E. M., III cl. – Off. ordinarium. – L. 1 et 2 (= 2 et 3) de Scr. occ., 3 de festo, Te Deum.

MISSA pr., Gloria, sine Credo, praef. comm.

VESPERAE de festo.

27. Alb. Feria IV. S. Ioannis Chrysostomi E. C. D., III cl. – Off. ordinarium. – L. 1 et 2 (= 2 et 3) de Scr. occ., 3 de festo, Te Deum.

MISSA pr., Gloria, sine Credo, praef. comm.

Ad VESPERAS ad Magn. ant. O Doctor.

28. Alb. Feria V. S. Petri Nolasci C., III cl. – Off. ordinarium. – L. 1 et 2 (= 2 et 3) de Scr. occ., 3 de festo, Te Deum. – Ad LAUDES comm. S. Agnetis Virg. M. secundo.

MISSA Iustus, Gloria, or. pr., comm. S. Agnetis * e Missa pro hoc die, sine Credo, praef. comm.

VESPERAE de festo, sine comm.

29. Alb. Feria VI. S. Francisci Salesii E. C. D., III cl. – Off. ordinarium. – L. 1 et 2 (= 2 et 3) de Scr. occ., 3 de festo, Te Deum.

MISSA In medio, Gloria, or. pr., sine Credo, praef. comm.

Ad VESPERAS ad Magn. ant. O Doctor.

30. Rub. Sabb. S. Martinae Virg. M., III cl. – Off. ordinarium. – Ad MAT. hymnus Martinae celebri (una cum altera parte Non illam crucians). – L. 1 et 2 (= 2 et 3) de Scr. occ., 3 de festo, Te Deum. – Ad LAUDES hymnus Tu natale solum.

MISSA Loquebar, Gloria, sine Credo, praef. comm.

I VESPERAE de seq. dom., ut in Psalt. de sabb. et in Pr. – Viol.

31. Ì Viol. DOM. IN SEXAGESIMA, De ea, II cl. – Off. dominicale per annum. – Ad MAT. 9 antt. et 9 pss. de dom., abs. Exaudi, bened. Ille nos, Divinum auxilium, Per evangelica dicta. – L. 1 et 2 (= 2 et 3) de Scr. occ., 3 (= L. 7) de homilia, sine Te Deum. – Ad LAUDES antt. pr., pss. de dom. (2° loco), rel. pr. – Ad Horas ant., cap. et rel. pr. – Ad Primam pss. 53, 1181, 1182

O.C. MISSA pr., sine Gloria, Credo, praef. Trinit., Ite, missa est.

II VESPERAE ut in Psalt. et in Pr.

Hodie prohibentur Missae defunctorum excepta exsequiali




jueves, 24 de diciembre de 2015

24 de Diciembre: LA "KALENDA" O ANUNCIO DE NAVIDAD




24 de Diciembre: LA "KALENDA" O ANUNCIO DE NAVIDAD

   En los Coros de las Catedrales y de los Monasterios, se canta hoy con pompa inusitada, en el Oficio de Prima, el anuncio oficial de la Navidad del Señor, que trae el Martirologio y que textualmente dice así:
   "En el año 5199  de la Creación del mundo, cuando al principio creó Dios el cielo y la tierra; en el 2957 del diluvio; en el 2015 del nacimiento de Abrahán; en el 1510 de Moisés y de la salida del pueblo de Israel de Egipto; en el 1031 de la unción del rey David; en la semana 65 de la profecía de Daniel; en la Olimpíada 194; en el año 752 de la fundación de Roma; en el 42 del imperio de Octavio Augusto; estando todo el orbe en paz; en la sexta edad del mundo: Jesucristo, Dios eterno e Hijo del eterno Padre, queriendo consagrar al mundo con su misericordiosísimo Advenimiento, concebido por el Espíritu Santo, y pasados nueve meses después de su concepción, nació, "hecho Hombre, de la Virgen María, en Belén de Judá", (Se arrodillan todos los circunstantes, y prosigue el cantor en tono más agudo): "Navidad de N. Señor Jesucristo según la carne".



Tengan todos una muy Feliz y Santa Navidad



domingo, 20 de diciembre de 2015

CUARTO DOMINGO DE ADVIENTO




CUARTO DOMINGO 
DE ADVIENTO 

ESTACIÓN EN LOS DOCE SANTOS APÓSTOLES 

I clase - Ornamentos morados


   La misa del 4° Domingo de Adviento, como toda la liturgia de este tiempo, tiende a disponernos al doble advenimiento de Cristo, advenimiento de misericordia en Navidad, y de justicia al fin de los siglos. El Introito, Evangelio, Ofertorio y Comunión se refieren al primero, la Epístola al segundo, la oración, Gradual y Aleluya conciernen tanto al uno como al otro.
   En esta misa se encuentran también las tres grandes figuras que preocupan a la Iglesia durante el Adviento, que son: Isaías, el Bautista y la Virgen María. El profeta Isaías vaticina de San Juan Bautista diciendo que él es “la voz del que clama en el desierto: Preparad los caminos del Señor”(Ev.). Juan decía a los que en torno suyo se agolpaban para ser por él bautizados: ¡Casta de víboras! ¿quién os ha enseñado a huir de la ira venidera? 
   Pues bien, esta ira que ha de venir es el castigo final que el pecador no podrá eludir, a menos que ahora recurra a los gemidos de la penitencia. El amigo del Esposo nos amonesta a que hagamos frutos, y frutos dignos de penitencia. Estas palabras son un llamamiento a la conciencia de cada cual, invitándole a ganarse por medio de la penitencia un tesoro de obras buenas, tanto más cuanto mayores fueren los daños causados por el pecado (3° Noct.). Dios nos dice por medio del Profeta Isaías: “Yo guiaré a los ciegos por el camino que no conocen, y convertiré delante de ellos las tinieblas en luz, y no los abandonaré jamás”. El Apóstol San Juan nos explica de que manera se ha cumplido este misterio cuando dice: “ Sabemos que el Hijo de Dios ha venido, y nos ha dado inteligencia para que conozcamos al verdadero Dios, y estemos en su verdadero Hijo” (2° Noct.). Merced al amor entrañable que Dios nos ha demostrado, envió a la tierra a su único Hijo, nacido de la virgen María. De ahí que en la comunión nos recuerda la Iglesia la profecía de Isaías: “He aquí que una Virgen concebirá y dará a luz al Emmanuel”. Y en el Ofertorio engarza en un solo saludo las palabras que el Arcángel e Isabel dirigieron a María. Escribe San Gregorio: “Gabriel, que significa la fortaleza de Dios, es enviado a la virgen, porque venía a anunciar al Mesías, el cual quiso aparecer en al humillación y en la bajeza, para domar a todas las potestades aéreas. Por eso convenía que fuese Gabriel, la fortaleza de Dios, quien anunciase al que venía como Señor de las virtudes, al todopoderoso, al invencible en las batallas, para derrocar a todos los poderes del aire” (Serm. 35). La oración alude precisamente a esta gran fortaleza del Señor, la cual ya se manifiesta ya en su primer advenimiento; pues Jesús venció al demonio estando revestido de su débil y mortal humanidad. Háblanos también de la manifestación de su “inmenso poderío, que habrá de realizarse cuando por segunda vez viniere como Juez supremo, con todo el esplendor de su divina majestad, a dar a cada cual según sus obras (Ep.).
   Al pensar que de una manera o de otra Jesús esta siempre cerca de nosotros, digámosle con la Iglesia: ¡Ven, Señor, y no tardes!
   El párroco celebra hoy la misa por sus feligreses.